Vacunas: unos elementos de juicio

Antes de leer este artículo, debes leer la Notificación Legal de este sitio de Internet, que figura en el siguiente enlace:
Condiciones De Uso y Exención de Responsabilidad.

En primer lugar tengo que insistir en que NO SOY profesional de la salud, y, por lo tanto, tampoco médico ni nada que se le parezca.  Tengo que recordarte, no solamente porque la ley lo exige, sino porque creo realmente en eso, que nada en este escrito constituye consejo médico ni de ningún profesional de la salud, ni diagnostica, trata, cura ni previene ninguna enfermedad física ni trastorno psicológico, ni sustituye a ninguna recomendación que hayas recibido de tu médico o profesional de la salud, que cualquier acción que realices sobre la base de esta información se toma bajo tu exclusivo riesgo, que las solicitudes de asesoramiento personal de salud que recibamos, quedarán sin respuesta y que los problemas de salud deben consultarse con los profesionales de la salud legalmente habilitados.

La teoría de las vacunas me parece, en primer lugar, antes de pasar al análisis racional estadístico, contraria al sentido común.  Esta teoría dice, básicamente, que debemos colocarnos una inyección con microbios de algún modo “debilitados”, para que el cuerpo humano así se prepare con suficiente antelación para enfrentar a estos microbios cuando se le aparezcan con todas sus fuerzas.  Pues me parece una teoría muy dudosa.  ¿Así es que con todos los microbios, de sus diversas especies, es la misma historia: “entrenar” al cuerpo con estas inyecciones de microbios “débiles”?.  Por otro lado, se trata de intervenir la ecología natural del organismo humano con sustancias artificiales extrañas y ajenas, procesadas en laboratorio, lo cual es, por principio, riesgoso, como toda intervención ajena en un sistema inteligente.

Siempre se trata de inyectar en sangre un microbio debilitado bajo la rarísima teoría de que así el organismo quedará “entrenado” (por así decirlo comparativamente) para poder luego matar al microbio no debilitado.  ¿Podemos razonar por un segundo esta indigerible ocurrencia?.  ¿Así es que el organismo humano es capaz de matar al microbio, pero solamente si previamente fue entrenado para matarlo, mediante la inyección con la jeringa del microbio debilitado?.  ¿Pero, qué es esto, un campo de entrenamiento militar de las fuerzas armadas?.  Desde el sentido común cuesta creer en la efectividad de las vacunas.  Desde el sentido común uno debería horrorizarse frente a la idea de inyectar sustancias extrañas en sangre mediante una jeringa.  Obviamente, el organismo humano no fue diseñado por la Naturaleza para ser sometido a esas intervenciones.

Desde el sentido común y la intuición esta historia me parece muy difícil de creer, tan absurdo como si alguien me dijera que respirar es malo para la salud.  Pero pasemos de la intuición al análisis racional y numérico.

Aquí verás un gráfico estadístico MUY importante.  Posiblemente no te gusten los gráficos estadísticos, y estés decidiendo pasarlo por alto sin leerlo.  Pues te pido que hagas un pequeño esfuerzo y leas este gráfico.  ¿Podrá tu médico desmentir estas estadísticas, que demuestran que las enfermedades supuestamente “infecciosas”, fueron controladas por la mejora del estilo de vida, DÉCADAS antes de la aparición de las vacunas?.  En primer lugar veamos la fuente del gráfico:

McKINLAY, John B. y McKINLAY, Sonja M. Medical Measures and the Decline of Mortality.  en CONRAD, Peter. The Sociology of Health and Illness; Critical Perspectives.  Worth Publishers, 2008. (“Las medidas médicas y el descenso de la mortalidad” en “La sociología de la salud y la enfermedad; perspectivas críticas”).

Este es un libro de sociología académica.

El gráfico tiene este título:

The fall in the standardized death rate (per 1000 population) for nine common infectious diseases in relation to specific medical measures in the USA, 1900-1973.”,

que traducido significa

La caída en la tasa de mortalidad estandarizada (por 1000 habitantes) para nueve enfermedades infecciosas comunes en relación con las medidas médicas específicas en los EE.UU., 1900-1973.

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La estadística suele ser el arte de mentir con números.  Si ocultamos el área de estos gráficos previa a la introducción de las vacunas, estamos mintiendo con números.  Si en estos gráficos, usamos una definición más amplia de una enfermedad, antes de la introducción de las vacunas, y una definición más restrictiva después de ese momento, estamos mintiendo con números.

Obviamente, la mortalidad infantil existe, y en muchísimo mayor medida entre las poblaciones pobres, o, peor, en la miseria.  Lo que está en discusión aquí es si esas muertes las causaron realmente los microbios, o si esas muertes las causó la miseria, la desnutrición, la explotación infantil, etcétera.  El sistema vigente de explotación suele culpar a un microbio cuando no quiere reconocer que la más vil explotación del hombre por el hombre está diezmando las poblaciones pobres, por desnutrición, intoxicación, y, simplemente, explotación.  Tal vez lo que evita las muertes infantiles en los países ricos no son las vacunas, sino la alimentación más completa, y, en general, un estilo de vida digno, con más justicia social.

Por otro lado, hay enfermedades supuestamente infecciosas, que no son mortales, y que en realidad son fácilmente curables, no causan gran malestar, y no dejan ninguna secuela.  Es más, algunas de ellas, el naturismo sospecha que incluso podrían ser un positivo momento del desarrollo infantil.  Así es que no hay que mezclar manzanas con naranjas.  No hay que meter todas las enfermedades en la misma bolsa, porque son muy diferentes unas de otras.

Hay que tener cuidado con las leyendas urbanas.  Un mito y leyenda que circula en las ciudades es que la conquista europea de América contagió a los pueblos originarios americanos con los microbios europeos y así los diezmaron.  Se les olvida mencionar que esa conquista consistió en esclavizar a todos los pueblos originarios, explotarlos de la manera más sangrienta, y realizar la carnicería humana más espantosa.  Pero se le echa la culpa al microbio.  Además hablamos del año mil quinientos, cuando de medicina se sabía menos que ahora, y eso que ahora no se sabe casi nada.

Que la gente viva más después de la aparición de las vacunas no quiere decir que eso sea gracias a las vacunas.  Tal vez la gente vive más porque se ha ido conquistando más justicia social en ciertos países.  En la Ciencia Lógica, o ciencia del razonamiento correcto, está catalogada la falacia que se llama “non causa pro causa”, que se basa en la idea “post hoc, ergo propter hoc”.  Que yo me haya curado el resfrío después de que pasó el cartero, no quiere decir que el cartero tenga poderes curativos.  Que la gente viva más después de la aparición de las vacunas, no quiere decir que sea gracias a las vacunas.

Respecto de la elevación de la media de vida de las últimas décadas, cito al médico Eneko Landuburu, en su libro “Cuídate Compa, Manual para la Autogestión de la Salud”:

=== Muchas de las enfermedades, tanto físicas como mentales, podrían evitarse con un uso racional de los recursos humanos y naturales del planeta.

A esa conclusión debió de llegar el Dr. Ernesto Che Guevara, al considerar una pérdida de tiempo andar recetando mientras las condiciones de vida seguían enfermando a la gente.

Hace 200 años, con la industrialización, los países fueron asolados por la tuberculosis, como consecuencia del cambio masivo del modo de vida: emigraciones masivas del campo a la ciudad, chabolismo, malas condiciones de trabajo, jornadas agotadoras, alimentación deficiente, etc.  Niños de 8 a 12 años, debían de recorrer largas distancias para llegar a sus puestos de trabajo, donde permanecían 17 horas, en cuartos cerrados o en el fondo de una mina, cobrando una cuarta parte del salario de un adulto varón.  En 1864 se celebra la I Internacional de los Trabajadores.  Para 1882, cuando Köch descubre la presencia de un bacilo en la tuberculosis, esta enfermedad ya se había reducido a la mitad.  Ni los sanatorios anti­tuberculosos, ni la quimioterapia, ni los antibióticos, tuvieron efectos notables sobre el descenso de la tuberculosis.  Fueron los trabajadores analfabetos, luchando organizados por mejorar sus condiciones de vida, los que lograron sin darse cuenta el descenso de dicha enfermedad, que hoy vuelve a estar en aumento.

La elevación de la esperanza de vida desde 1.920 se debe principalmente al descenso de la mortalidad infantil.  Aunque se aumentan los gastos en asistencia sanitaria, apenas tiene efecto sobre la longevidad.

Se nos quiere hacer creer que todo se va a arreglar con los avances de la ciencia médica, cuando está bien estudiado que la salud y longevidad de la gente depende mucho más de avances sociales como saber leer (sobre todo las mujeres), el alcantarillado, el agua potable en casa, la recogida de basuras, la alimentación, etc.  A los médicos se nos adjudican éxitos que son de los campesinos, de los recogedores de basura, de los maestros, de los fontaneros, de los obreros de la construcción, etc.

Para defender el actual “progreso” los medios de confusión no dejan de repetir que si ahora vivimos más que antaño es gracias a los cuidados médicos, y que si ahora hay más cáncer sacan las excusas de que es debido a que vivimos más años y que además los avances tecnológicos diagnostican casos que antes no se registraban.

Están llegando noticias de que en Afganistán, las mujeres son tratadas como a las bestias, como ocurría hace más de 2.000 años en la mayor parte del planeta.  El 70% de la población es analfabeta y la esperanza de vida al nacer es ¡de 44 años! (como hace más de 2.000 años).  La supervivencia y la salud de los niños depende mucho de que las mujeres tengan acceso a la educación.  La liberación de la mujer de todas sus opresiones repercute en la mejor salud de toda la población. ===

La tesis disidente en vacunación, que tengo el derecho humano de expresar que es la que me persuade, la puedes conocer, en detalle, aquí:

Liga para la libertad de vacunación:

http://www.vacunacionlibre.org

Libre vacunación:

http://www.librevacunacion.com.ar

En el documental australiano llamado “Vaccination; The Hidden Truth” (Vacunación; La Verdad Oculta) y realizado en 1998, se pone en cuestionamiento la vacunación.  Está subtitulado en castellano.

En medicina veterinaria existen similares planteos de rechazo de las vacunas, en particular en la Naturopatía Veterinaria, Homeopatía Veterinaria o Medicina Veterinaria Holística.  Una supuesta persona con la cual he interactuado en un foro de internet sobre alternativas en salud, cuya verdadera identidad ignoro, sostenía que había comprobado que “nunca jamás un perro vacunado enferma de esa enfermedad, y, viceversa, absolutamente siempre un perro no vacunado enferma de esa enfermedad” debido a que esta supuesta persona supuestamente “trabajaba” en un “refugio” para perros abandonados.  Preguntado para que diga el número aproximado de perros de esa estadística casera, nunca dio una respuesta seria.  Esta supuesta persona asimismo afirmó que “las estadísticas prueban la verdad de las vacunas”.  Preguntado para que diga la fuente documental de estas estadísticas, nunca dio una respuesta seria.  Cuando le sugerí que contacte un veterinario alternativo, me respondió que solamente le alcanzaba el dinero para veterinarios oficialistas.  Cuando le sugerí contactos gratuitos de Facebook con experiencia en veterinaria alternativa, nunca dijo haberlos consultado.  Asimismo dijo haber verificado la verdad absoluta de la teoría microbiana de la enfermedad en su totalidad, en su propia vida, en la de su pareja, y en la de sus amigos, habiendo verificado que “cada amigo que iba a un país extranjero sin vacunarse, contraía esas enfermedades extranjeras, y viceversa”, y que si no fuera por fármacos, su pareja ya habría muerto de infecciones.  En fin, esta persona definitivamente vive en el planeta Pasteur.  Para completar el cuadro me dijo que por culpa de leer mis reflexiones, básicamente las que están en este escrito, no vacunó a uno de los cachorros del “refugio” contra el moquillo, y que por esa causa, el cachorro estaba por morir.  Según esta persona, todo fue por mi culpa.  Sospeché que no me estaba contando toda la historia, y dado que este caso me involucraba supuestamente a mí, quise indagar más, lo cual no hice con todas las historias de terror pasteuriano que anteriormente me había contado.  Indagando, reveló que el cachorro estaba excelentemente bien hasta que a él se le ocurrió vacunarlo contra el parvo, y que una semana después el cachorro se enferma y recibe diagnóstico de gastroenteritis.  El veterinario lo bombardeó a fármacos para la supuesta gastroenteritis, logrando solamente que el cachorro empeorara.  Luego, sospechando falso diagnóstico, consulta a otro veterinario, el que diagnostica un supuesto “moquillo”, para lo cual se aplican más fármacos, y el cachorro ya tiene síntomas de parálisis.  En toda esta cadena de sucesos, esta persona olvida la vacunación que realizó y el bombardeo de fármacos contra el cachorro, y solamente se queda con el primer y el último eslabón de la cadena de acontecimientos: la no vacunación contra el moquillo, y la parálisis del cachorro, y concluye que mi temor a las vacunas fue la causa de la enfermedad del cachorro.  Cuando le manifesté mi teoría de que tal vez los problemas del cachorro fueron causados por la vacuna y los fármacos, o por conflictos biológicos de Nueva Medicina Germánica como la mutilación de la castración o la separación respecto de los progenitores o hermanos, y que sería demasiada casualidad que no fuera así, esta persona en lugar de aceptar cualquier posibilidad de que mi explicación tentativa de los hechos tuviera algo de verdad, directamente se colocó en posición de víctima de mi discurso, diciendo que yo lo estaba “juzgando”, que “no lo ayudaba en nada” y “solamente lo confundía” y otros planteos similares.

La gripe aviar y la gripe porcina, que fueron noticia mundial permanente hace unos pocos años, nos ilustran sobre lo desacertada que puede resultar la autocalificada como (que se llama a sí misma) “ciencia médica”, en materia de contagio, infección, microbios, epidemias, vacunas, etcétera.  Al respecto, es impresionante el documental de Julián Alterini, llamado “Operación Pandemia”, que se puede ver en Youtube:

Cito unos sitios de Internet a favor de las vacunas, donde puede consultarse la política oficial sobre vacunación, y sus esfuerzos para refutar la argumentación anti-vacunas:

Portal de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría:

http://vacunasaep.org/

Wikipedia, siempre violentamente a favor de la medicina oficial, como reflejo de la posición de la población en su casi totalidad, que, obviamente, cree ciegamente en la medicina oficial:

http://es.wikipedia.org/wiki/Controversia_de_las_vacunas

Yo, personalmente, considero que tengo el derecho humano de no vacunarme, con mayor razón considerando que todo el mundo cree en la teoría de las vacunas, y por tanto, por estar todos inmunizados, yo no podré contagiar a nadie, es decir, no seré un peligro para la salud pública.  Que una persona individual no se vacune, en el caso concreto, no es un peligro ni grave ni inminente para la salud pública, y la persona no puede ser obligada, de ninguna manera, a vacunarse.  Esa norma jurídica sería contraria a los derechos humanos internacionales y constitucionales.

Si las vacunas realmente inmunizan, nadie debería tenerme miedo, porque yo no contagiaré a nadie, y nadie me contagiará a mí, porque supuestamente son todos inmunes.  Así es que el que cree la teoría de las vacunas, que se vacune, y nadie que no se vacune podrá perjudicarlo.  Y el que no se vacune, pues lo hace a su propio riesgo, y no puede exigir a otro que se vacune, porque sería autocontradictorio.  Es el derecho humano al propio cuerpo.

Claro está, el cuerpo de tu hijo no es tu cuerpo, y la ley puede obligarte a vacunar a tu hijo menor de edad.  Ni siquiera los derechos humanos protegen a tu hijo de las vacunas, pues tu hijo menor de edad, según la ley, no es “tuyo”, sino que es, por así decirlo, “de” tu gobierno.  Sin un cambio social cultural que produzca un claro cambio legal, si alguna ley establece la obligatoriedad de la vacunación en razón de la seguridad del niño individualmente considerado (y no en razón la salud pública), no tienes escape legal respecto de la vacunación de tus hijos.  No obstante, en caso de alguna ley que declare obligatoria la vacunación, cabría alegar en un tribunal, que (el tribunal) es perito de peritos, la falsedad -o por lo menos la incertidumbre- de la teoría de las vacunas, demostrando, por ejemplo, que niños de iguales condiciones de calidad de vida, por ejemplo en países ricos, no se contagian de enfermedades supuestamente infecciosas en función de estar o no vacunados.  Suele hablarse de que por culpa de la creciente resistencia social a las vacunas, han reaparecido brotes de infecciones en países ricos, pero no suele aclararse si los supuestos infectados son precisamente los niños no vacunados de esos países ricos ni si los supuestos no infectados son precisamente los niños vacunados de esos mismos países ricos.  Esta clase de evidencia elemental e irrebatible podría argumentarse en un tribunal.  En caso de obligatoriedad legal de la vacunación, entonces, si existe una duda relevante sobre la necesidad de la vacunación, los padres tendrían el necesario margen de discrecionalidad para tomar la decisión, así como tienen un margen de discrecionalidad para decidir los diversos aspectos de salud y educación del niño.  Es decir, si bien, legalmente, el niño es “del gobierno” y no “de los padres”, no es el gobierno el que toma las decisiones en terrenos “poco claros”, como puede demostrarse que es el de las vacunas, que, ni está probado que protejan al niño, ni mucho menos que sean seguras.  En los terrenos poco claros, la decisión es de los padres, y no del gobierno, como en el caso de las vacunas, donde la negativa a vacunar, es una decisión que es armónica con la “racionalidad” en protección del niño.  Es decir, aunque pueda argumentarse que vacunar es “racional”, también puede argumentarse que no vacunar también es “racional”, por tratarse de un terreno “poco claro”.  Hay que dejar bien claro, no obstante, que en general la vacunación NO es legalmente obligatoria, aunque así lo digan, falsamente, las autoridades administrativas de salud, educación, etcétera.  Para salvar a un niño de las vacunas, entonces, se hace necesaria la consulta legal exhaustiva en las ligas anti-vacunas nacionales e internacionales.  Hay varios motivos por los cuales puede exceptuarse incluso una vacuna obligatoria, como por ejemplo la certificación médica del riesgo que tal intervención puede significar para un niño particularmente vulnerable.  En el peor de los casos, cuando no exista escape legal, habría que consultar el tema con un médico consciente y valiente, de esos que escasean, para realizar la intervención de la manera más segura posible, en particular, cuando el niño tenga la mayor edad posible, para que sea menos vulnerable a los riesgos.

Respecto de tu propia vacunación nadie podrá demostrar que tu negativa lesiona un derecho humano ajeno con suficiente gravedad como para declarar obligatoria la vacunación.

En caso de que exista la opción, tú puedes decidir vacunar a tu hijo, es tu opción, pero aún así, con esta clase de materiales, te replantearás para bien la teoría de la infección microbiana, en especial en cuanto a su extralimitación, a su absolutización, y sopesarás con mayor racionalidad y seriedad la decisión de aplicar cada nueva vacuna que la industria empiece a ofrecer.

No puedo declarar que los microbios, básicamente los virus y las bacterias, no sean un cofactor de ninguna clase de ninguna enfermedad.  Pero estoy seguro de que, en la mayoría de las enfermedades supuestamente infecciosas, la teoría microbiana está, en lo fundamental, en un error, al no aceptar que el microbio es fundamentalmente un “cofactor” del problema.

Ahora bien, si a tu hijo o a ti, por ejemplo, los muerde un perro rabioso, te diré que consultes urgentemente al médico, y que resuelvas con tu médico, y con tu dios, el dilema de vacunarlo o no.  Yo, personalmente, y a mi propio riesgo, jamás me colocaría ninguna vacuna, y no le colocaría jamás ninguna vacuna a ningún hijo mío, si lo tuviere.  La vacuna tiene riesgos gravísimos, incluso fatales, pero sobre el tema del papel que puede jugar un virus supuestamente mortal, no tengo todas las respuestas, no puedo dar garantías, y no puedo hacerme responsable del dilema que cada cual debe resolver a su propio riesgo y bajo su propia responsabilidad.

En lo personal, la última vez que me mordió un perro, que supuestamente no estaba enfermo de rabia, que supuestamente estaba vacunado, aunque no exigí tal certificado al vecino dueño del perro, simplemente lavé mi herida, que era de cierta importancia, porque el perro me enterró todo su diente en la pierna, con agua y jabón, y dejé que drenara toda la sangre que espontáneamente brotó.  El higienismo considera que ese drenaje es positivo y benéfico, porque limpia la herida y prepara la cicatrización.  Además, practiqué reposo y relajación.  No hice NADA MÁS para abordar la situación.  Ni siquiera cubrí la herida, que simplemente manchó de sangre mi cama y mi sábana.  Así me dormí, drenando sangre, con una herida inflamada, dolorosa, y desnuda, sin ninguna cobertura.  Al día siguiente la herida estaba completamente cicatrizada, y dolía solamente un poco, casi nada, y cada vez menos.

No obstante, lo hice a mi propio riesgo.  No puedo garantizar que el mismo final feliz ocurrirá con un perro que tenga efectivamente rabia, o incluso sin que tenga rabia, si la herida resulta ser más grave que la mía.  Lo mismo podemos decir de la bacteria del tétanos.

Respecto de la rabia, y de su vacuna, yo creo en esto, que es básicamente lo que ya he dicho, pero con más detalles:

http://www.vaclib.org/intro/rabies.htm (Rabies, Vaccine and Health Principles)

http://drbass.com/orthopathy/chapter26.html (ORTHOPATHY by Herbert M. Shelton – Chapter XXVI – Care of Wounds)

Lo puedes traducir con el traductor de Google.

En la historia del naturismo médico argentino, la figura fundamental es el Dr. JAIME SCOLNIK, MD, graduado de médico en 1933, en la Universidad Nacional de Córdoba de la República Argentina.  En esta entrevista radial del 30 de marzo del año 1990, en Radio Nacional de Argentina, da testimonio de que en cincuenta años de ejercicio de la medicina no recetó jamás un fármaco, y atendió pacientes de toda Argentina y países vecinos.  Además da un completo panorama del “naturismo” y de la “inquisición médica”:

http://www.cadena3.com/contenido/2010/04/07/50488.asp

En la entrevista mencionada al Dr. Scolnik, cuenta que publicó un escrito contra las vacunas, incluso antes de la aparición de la vacuna contra la poliomielitis.  Cuenta que el creador de la vacuna antivariólica perdió su primer hijo producto de esta vacuna, y por ese motivo no se la aplicó a su segundo hijo.  “La enfermedad no se previene con jeringas.”  Parece de sentido común.

Mi madre me puso creo que solo una vacuna.  Cuando yo tenía trece años de edad, yo ya tenía interés en los temas de salud, y el naturismo no estaba bien claro en mi familia, sabíamos poco sobre el tema, teníamos ideas mezcladas del naturismo con la medicina oficial.  Entonces debido a mi interés por la salud se me ocurrió que yo debía colocarme las vacunas reglamentarias, y mi madre que tampoco tenía las ideas claras, no se opuso.  Así es que me coloqué unas vacunas.  Hoy sospecho que fue una muy mala ocurrencia, porque, ¿“casualmente”?, ¿“anecdóticamente”?, un par de meses después me apareció una hepatitis que me tuvo cuatro meses en cama, y se me despertó un síndrome de Gilbert, que consiste en que se te sube la bilirrubina, como dice la canción, y te pones amarillo cuando haces esfuerzos.  Fue la única enfermedad supuestamente “infecciosa” -más allá de gripes y resfríos y cosas menores- que tuve desde hacía años, desde que era un niño muy pequeño.  En mi familia yo rescaté el naturismo del olvido cuando yo tenía unos treinta años de edad, en lo que fue felizmente mi despertar a este mundo.  Hasta el día de hoy, diez años después, sigo celebrando aquel despertar, cuando empecé a desconfiar de la teoría de la infección.  No obstante, no descarto absolutamente la teoría de la infección, sino que solamente la relativizo.  Tan solamente como ejemplo, creo que los hongos de los pies se contagian, y respecto de las caries dentales, creo que la infección juega su papel.  Considero necesarias las medidas convencionales de higiene, como, tan solamente como ejemplo, lo demuestra la historia de Semmelweis.

Mariano Rodríguez

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