Sobre mí

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Condiciones De Uso y Exención de Responsabilidad.

En primer lugar tengo que insistir en que NO SOY profesional de la salud, y, por lo tanto, tampoco médico ni nada que se le parezca.  Tengo que recordarte, no solamente porque la ley lo exige, sino porque creo realmente en eso, que nada en este escrito constituye consejo médico ni de ningún profesional de la salud, ni diagnostica, trata, cura ni previene ninguna enfermedad física ni trastorno psicológico, ni sustituye a ninguna recomendación que hayas recibido de tu médico o profesional de la salud, que cualquier acción que realices sobre la base de esta información se toma bajo tu exclusivo riesgo, que las solicitudes de asesoramiento personal de salud que recibamos, quedarán sin respuesta y que los problemas de salud deben consultarse con los profesionales de la salud legalmente habilitados.

Cuando yo era un niño pequeño, calculo que de menos de diez años, yo era testigo de que mi madre consultaba los problemas de salud con un naturópata, es decir, con alguien que no era profesional de la salud,  a quien llamábamos “el viejito Spezza”.  Y yo ya sabía, por esta clase de motivos, que eran malos para la salud la harina blanca, el azúcar blanco, etcétera y que eran buenas para la salud, las frutas, las verduras, las semillas, etcétera…  No obstante, obviamente, en ese momento yo conocía muy pocos elementos del “naturismo”.  A medida que yo crecía, la corriente de la sociedad fue arrastrando a mi madre hacia los ámbitos convencionales y oficiales…  Mi madre se alejó cada vez más del “naturismo”…  Y, simultáneamente, los problemas de salud iban apareciendo, o reapareciendo, en mi madre, y en toda la familia…  Así pasaron los años…

En este video mi madre cuenta esta historia:

Y “el viejito Spezza” casi quedó borrado de mi mente consciente.  Pero subsistió siempre en mi subconsciente.  Hace unos años, alrededor de mis treinta años de edad, yo padecía anginas crónicas.  Es decir, cada un par de meses, aproximadamente, yo caía en cama con gran dolor de garganta, mucosidad, mucho decaimiento, y en síntesis, un muy doloroso malestar.  Un día, hace unos años, alrededor de mis treinta años de edad, caí finalmente en cama con esta clase de malestares, pero tan intensos, que no recordaba haberme sentido tan mal en toda mi vida.  Mi fiebre rozaba los 40 grados.  Y yo estaba haciendo reposo en casa de mi abuela materna.  Un médico amigo, vecino del barrio, me regaló la famosa amoxicilina y un antipirético, o antifebril.  Una vez más tomé la famosa amoxicilina.  Ya los médicos me la habían recetado unas diez veces previamente.  Yo me preguntaba por qué nunca terminaban de hacer su trabajo estos fármacos, y por qué siempre y con tanta frecuencia, los microbios volvían a atacarme con tanta furia.  En ese momento el “naturismo” estaba en mi olvido.  Así es que comencé a tomar prolijamente esos fármacos.  Pero, en ese momento, no sé cómo, no sé por qué, en medio de una fiebre tan intensa que me costaba distinguir si yo estaba despierto o dormido, recordé que existía el “naturismo”.  Tal vez recordé la existencia del naturismo debido a que tomé consciencia del fracaso total de la medicina convencional que yo estaba viviendo una vez más.  Y recordé que en casa de mi abuela, donde yo estaba en cama, estaba guardado el libro de “Lezaeta” (el Don Manuel Lezaeta Acharán, La Medicina Natural al alcance de todos).

Así es que le pedí a mi abuela que me trajera ese libro hasta mi cama.  Y, con fiebre, y con un intensísimo malestar, leí cómo “Lezaeta” abordaba la fiebre.  Y el “naturismo” apareció en mi consciencia, claramente, como nunca antes en mi vida.  Y supe, repentinamente, y claramente, que el “naturismo” higienista era la mayor verdad que la humanidad podía conocer en materia de salud.  Arrojé al cesto las píldoras de antibióticos y antifebriles, comencé a ingerir exclusivamente fruta fresca cruda y ensaladas de verduras crudas y a realizar los “baños de toalla” que indicaba el libro de Lezaeta para aliviar la fiebre.  Me puse un paño mojado en el vientre y otro en la frente.  El alivio mediante todas estas técnicas de hidroterapia fue instantáneo, el mismo día que inicié estas prácticas.  Cada minuto comprobé en mi cuerpo más y más la verdad del “naturismo”.  Y la convicción se afirmó día tras día.  Al séptimo día de este abordaje “naturista” mi salud estaba completamente restablecida, y me sentía tan bien como no me había sentido en años, de hecho, como no recordaba haberme sentido nunca antes en mi vida.

De más está decir que, mientras mantuve el estilo de vida saludable, nunca más sufrí un episodio de anginas, gripe, resfríos de alguna importancia, ni nada por el estilo.  Y hoy tengo varios años más.  En las épocas en que abandoné el estilo de vida saludable, volvían los resfríos, y las anginas.  Sistemáticamente.  Desde aquella fiebre me dediqué a estudiar el naturismo con mucha intensidad.  Desde aquella fiebre no dejaba de asombrarme cómo la medicina oficial era tan increíblemente ignorante de verdades tan simples, tan obvias, y de tan fundamental importancia.  Y así empecé a leer todos los libros de “naturismo” que había tanto en casa de mi abuela como en casa de mis padres.  Empecé con libros antiguos, con hojas teñidas de amarillo por el tiempo.  Para mí no eran hojas amarillas, eran hojas doradas, eran hojas de oro.  Cada uno de esos libros era mucho más importante para mí que su peso en oro.  Y lo sigo pensando así.

Y así leí el libro del “viejito Spezza” (SPEZZA, Atilio.  La Salud por el Naturismo.  Mendoza -Argentina-, 1979).  Y así empecé a investigar más y más el asunto, de muy diversas maneras.  Y así, como ya anticipé, fueron desapareciendo todos mis problemas de salud muy rápidamente…  Y la investigación, finalmente, culminó en el escrito que estás leyendo.

Decía el Maestro Spezza en su libro, en 1979:

Escribo y publico este libro ayudado por la influencia de un seleccionado núcleo fraternal de seres humanos de buena voluntad con los cuales trato de cambiar ideas sobre una de las verdades más útiles en estos tiempos en que imperan las paradojas más grandes de la historia humana.  Esto es, el enorme adelanto de las ciencias y de las técnicas, en contraste con un empedernido estancamiento y hasta retroceso de la moral y, aún rivalizado por un inexplicable aumento de las confusiones, injusticias y riquezas que se usan más para destruir y producir miserias, que para beneficiarnos.  Dotado de una erudición extraordinaria y carente de amor.  Creador de máquinas maravillosas y esclavo de estas mismas.  Además, carente de sabiduría para cultivar la más maravillosa de todas las máquinas, esto es, la de su mismo organismo físico, mental y espiritual.  Conocedor de los abismos del microcosmo y del macrocosmo y no se conoce a sí mismo.  Y, lo peor es que mediante su egoísmo, su afán de cosechar de inmediato, frutos inadecuados para su existencia, a detrimento de la especie y de la vida cósmica en general, está causando la ruptura de ese equilibrio ecológico destinado a que la evolución de la naturaleza se cumpla con su máxima armonía.  […]

Amar y pensar son los más importantes atributos del ser humano que lo impelen a realizar una intensa práctica de renovación y de superación con el supremo fin de utilizarlas para servir mejor a nuestra especie y a la vida en general.  Este es el único esfuerzo que puede hacerlo feliz y merecedor de su propio nombre.  Simbólicamente hablando, diremos que la verdad está entre la cabeza y el corazón y aún más cerca de este mismo que de la cabeza.  […]”.

Escribo esto, porque no puedo resistir ver tanta gente “enferma”, cuando, en la inmensa mayoría de los casos, tan fácilmente podría curarse si conociera la filosofía “secreta” de la salud, aunque la inmensa mayoría de los médicos, por prejuicio, ignoren esta idea filosófica.

Para anticiparte de qué trata este escrito, te relato en pocas palabras cómo solucioné “uno” de mis problemas de salud: Desde aproximadamente mis quince años de edad, hasta mis treinta, yo padecí sinusitis, y más allá de los usualmente contradictorios diagnósticos entre un médico, y otro, y otro… yo, durante todo ese período, escupía moco cada cinco o diez minutos, todo el día, todos los días, durante todos esos años.  Y no estoy exagerando.  Pasé por muchos médicos, intentando curarme.  Cada uno daba un diagnóstico distinto, previa indicación de radiografías y ya no recuerdo qué otros exámenes.  Cada uno indicaba un fármaco (convencional y oficial) distinto, e incluso me dijeron que preveían una futura cirugía para solucionar el problema.  Yo creo que consulté por el asunto al menos a unos cinco médicos distintos y cumplí prolijamente las indicaciones que todos me dieron.  Todos fracasaron.  NINGUNO DE ESTOS MÉDICOS ME HABÍA HABLADO DE MI ALIMENTACIÓN NI DE MI ESTILO DE VIDA EN GENERAL.  NUNCA.

Supongo que todos estos médicos me robaron sin saber ellos que me estaban robando.  Porque, supongo que sin saberlo ellos, me robaron mi salud, y mi dinero.  En mi experiencia, normalmente no hay peor ignorante que el que no quiere saber.  No sé si esos médicos querían saber.  Realmente no lo sé.  Yo quería saber, y supe.  Sin ser médico.  En síntesis, no sé si querían o no saber.  Pero, en síntesis, aunque probablemente no lo supieran, robaron mi salud, y mi dinero.  Y el robo podría haber sido mucho más grave.

Felizmente, antes de someterme a la cirugía, descubrí “El Secreto de la Salud”, y me curé, en dos semanas, y nunca más escupí (bueno, quizá solamente una vez por semana, digamos… es que no recuerdo escupir, realmente…).  Y desde mi curación ya han pasado varios años.  Lo único que tuvo éxito con la sinusitis fue el naturismo higienista.  Durante dos semanas, comí solamente frutas crudas (en su sentido culinario) y verduras crudas (aunque el naturismo higienista es más que dieta -el moderno higienismo se enfoca en primer lugar en la REDUCCIÓN DEL ESTRÉS y en la PROCURACIÓN DE LA ALEGRÍA-, y la dieta naturista higienista es más que esa dieta).  Y no ingerí otra cosa.  “Santo remedio”.  Me curé en dos semanas, y para siempre.  Y creo que cualquier sinusitis se cura a lo sumo en dos meses manteniendo esta alimentación.  Todo indica que no te vas desnutrir en ese lapso.  Pero no quiero entrar todavía en estos detalles, y no te voy a hablar específicamente de sinusitis, sino de CUALQUIER MALESTAR DE SALUD en general.  Quería anticiparte de qué trata este escrito.

En este escrito presento en público, y a mi manera, a mis maestros, la mayoría de ellos médicos graduados universitarios oficialmente habilitados, aunque los máximos maestros de maestros (Shelton, Lezaeta, Ehret, Wigmore, etcétera), no fueron médicos, pero a ellos debo mi salud, a pesar de que sus doctrinas son perfectibles.

Creo que puedo hacer un aporte, digamos, “periodístico”, útil contando esta historia, pero no respondo consultas sobre problemas de salud, no soy profesional de la salud, y no hago nada similar.  Creo que estoy uniendo elementos interrelacionados, que se encontraban dispersos y sin organizar, intentando una organización de ideas, en un sistema armónico, generando una estructura, que pertenece, técnicamente, al género catalogado como “ensayo”, en la nomenclatura bibliográfica o documentológica.

Me convencí de escribir estos materiales cuando los médicos en general fracasaban con los problemas de salud de mis cinco hermanos, de mis padres y de mis abuelos, incluyendo en el fracaso a algunos de los médicos autodenominados “naturistas” y cuando los consejos derivados de la FILOSOFÍA naturista higienista integrativa crudivegana (alimentación de base vegetal cruda, aunque el naturismo es mucho más que una dieta) resolvían normalmente en menos de un mes la mayoría de esos problemas de salud, Y GRATIS, gastando SOLAMENTE en la verdulería del barrio.

Evidentemente, no se trataba de algún defecto de tal o cual individuo médico, sino que se trataba de una equivocada filosofía de base de la Medicina oficial, e incluso de la Medicina autocalificada como “naturista”.

Respecto del “lavado de cerebro”, he recibido personalmente, presencialmente, el testimonio de médicos que me han dicho que para la gran mayoría de los médicos el valor dinero está muy encima del valor salud.  También he escuchado de buena fuente el testimonio de una médica respecto de que las mentes más brillantes y las personas más éticas no suelen llegar a convertirse en médicos, porque la Universidad está diseñada para expulsarlos antes de que lo logren.  Esta perversidad del sistema universitario, que presiona brutalmente para lograr la conformidad y la eventual subconsciente criminalidad (“debo conservar mi empleo”), ha sido denunciada por numerosos estudiosos, y no solamente para el caso de la carrera de Medicina.  Tan solamente como ejemplo, podemos citar a Ivan Illich, un gran y noble filósofo.  Pero profundizar más en esto nos sacará del tema específico.

¿Y qué importancia tiene la Filosofía?.  TODA.  NADA ES MÁS IMPORTANTE EN LA VIDA.  ABSOLUTAMENTE NADA.  Claro está, siempre que se trate de BUENA filosofía.  Es lo que llaman en tu barrio: “Inteligencia para vivir”.  ¿Hay algo más importante en la vida?.  ¿Sabes lo que distingue un individuo sano y feliz de otro enfermo y triste?.  “Filosofía”.  ¿Sabes lo que distingue un pueblo próspero y en paz de otro pobre y en guerra?.  “Filosofía”.  La Filosofía es calificada tradicionalmente como la “reina y madre de las Ciencias”.  No se hace verdadera Ciencia sin basarla en la Filosofía (que incluye a la Lógica y a la Epistemología, de lo que ya hemos hablado).  “Tómatelo con filosofía”.  ¿Para qué sirve la filosofía?.  PARA DAR EN EL CLAVO.  Nada tiene más importancia PRÁCTICA que la Filosofía.  Nada es más práctico que la Filosofía (la BUENA Filosofía, que es la que yo te voy a recordar, porque, íntimamente, siempre la supiste).

Una y otra vez este libro se salvó de ser prendido fuego en el patio de mi casa, para verme “liberado” de esta complicada tarea, de esta incómoda posición de navegar a contracorriente, no solamente de la Medicina, sino también de la sociedad misma, de la cultura dominante en materia de salud.  Una y otra vez deseé que mi peor enemigo estuviera en mi lugar, sintiendo que tenía que decir estas cosas, y, para complicarlo todo al extremo, sin ser médico.

Soy un “paciente pensante”, si se me permite la expresión, que divulga una filosofía QUE EN LA MAYORÍA DE LOS CASOS TE CONDUCE A LA SALUD CUANDO LA MEDICINA NO TE DA NINGUNA ESPERANZA.  Los premios Nobel de Literatura, no fueron licenciados en Letras.  Los más grandes filósofos tampoco fueron licenciados en Filosofía.  Y los más grandes sanadores, y es lo que comprobarás en este libro, no fueron médicos.  Los más grandes sanadores fueron filósofos de la salud: ELLOS ME CURARON CUANDO HABÍA DEJADO MI DINERO A CINCO MÉDICOS QUE NO ME CURARON.  Estos sanadores me dieron a conocer, simplemente, a la “Doctora Naturaleza” y al “Doctor Tiempo”, como diría el Doctor Eneko Landaburu, que supieron hacer un “diagnóstico” acertado y una “terapia” exitosa, haciendo una comparación o metáfora.  Se trata de la inteligencia de la Naturaleza, que conduce al óvulo fecundado a convertirse en un cuerpo humano.  Obviamente, esa inteligencia no es infinita, porque, tan solamente como efecto, existen los defectos genéticos y las enfermedades autoinmunes, pero esa inteligencia es la gran base de la salud, a pesar de sus limitaciones.

Vivo en la ciudad, y tengo un empleo objetivamente calificable como estresante.  Por ejemplo, en mi trabajo en turnos rotativos (incluyendo muchas noches) me hice adicto al café durante años, para evitar ser despedido de mi empleo.  El café es un clásico condenado por los maestros del estilo de vida natural, pero fue lo que salvó mi empleo.  Incluso así, hay períodos en que practico la vida natural hasta el máximo que la ciudad permite a un ser humano.  En otras épocas mi cumplimiento de este estilo de vida no es “perfecto”.  Creo que “LO ÓPTIMO ES ENEMIGO DE LO BUENO”.

No creo que siempre más natural es mejor.  Los seres humanos somos naturalmente artificiales.  Es decir, es natural que los seres humanos sean ingeniosos, creativos, inventores, etcétera.  Es natural que nos gusten las computadoras, Internet, los aviones, las licuadoras y los lavarropas automáticos.  Y no es natural hoy estar en la jungla huyendo de los tigres y ofreciendo sacrificios humanos, lo cual, dicho sea de paso, era una práctica habitual de los más importantes pueblos aborígenes.

Por todos estos motivos, he sufrido, y sufriré, crisis de salud.  Y cada vez que sucedió, superé fácilmente y rápidamente el problema, poniéndome en manos de la “Dra.  Naturaleza” y del “Dr. Tiempo”.

Como he anticipado, NO SOY MÉDICO ni ningún profesional de la salud, sino que soy un paciente pensante.  Me costó en su momento entender la idea filosófica que a continuación voy a exponer.  Si hubiera sido médico, me habría costado más todavía entender esta idea filosófica, por prejuicios.

Debido a que esta idea filosófica me parece de enorme y prioritaria importancia, he intentado redactarla aquí del modo más claro y breve posible, para que tú también apliques esta filosofía en tu vida.  CREO QUE SOBRE LA BASE DE ESTA IDEA FILOSÓFICA CADA CUAL DEBE RESOLVER LOS ASUNTOS CONCRETOS Y PRÁCTICOS EN CONJUNTO CON SU MÉDICO O PROFESIONAL DE LA SALUD QUE CORRESPONDA -MUY ESPECIALMENTE DURANTE EL EMBARAZO Y LA LACTANCIA-.  Como yo siempre digo: “Ante cualquier duda, consulta a tu médico; pero ante cualquier médico, consulta a tu duda”.

Todos nos encontramos con muchas personas que sufren malestares físicos o psíquicos.  Inicialmente, yo les decía oralmente las ideas de este material.  Ello era muchas veces poco práctico, poco oportuno, etcétera.  Por ese motivo, decidí escribir algo así como una carta, lo cual sería un medio más ágil de comunicación.  La entregué a varias personas que sufrían malestares físicos o psíquicos.  Cuando el costo de fotocopias, viaje y tiempo empezó a pesar, surgió la idea de publicar la “carta”.  Eso parece facilitar las cosas, pues sencillamente se trata de entregar un papelito donde figuran los datos de publicación de este material.

Cada médico naturista higienista (en mi terminología) practica su propia versión de la Medicina naturista higienista (en mi terminología).  Cada autor de bibliografía naturista higienista presenta la tesis con su propio estilo personal.  Yo formulo aquí la versión de esta filosofía que pretendo que alcance una mirada más amplia y sistemática sobre el problema del malestar de salud corporal y mental.

Tómatelo con filosofía”…

Mariano Rodríguez

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