Abordaje integrativo de obstrucción intestinal de anciana

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En primer lugar tengo que insistir en que NO SOY profesional de la salud, y, por lo tanto, tampoco médico ni nada que se le parezca.  Tengo que recordarte, no solamente porque la ley lo exige, sino porque creo realmente en eso, que nada en este escrito constituye consejo médico ni de ningún profesional de la salud, ni diagnostica, trata, cura ni previene ninguna enfermedad física ni trastorno psicológico, ni sustituye a ninguna recomendación que hayas recibido de tu médico o profesional de la salud, que cualquier acción que realices sobre la base de esta información se toma bajo tu exclusivo riesgo, que las solicitudes de asesoramiento personal de salud que recibamos, quedarán sin respuesta y que los problemas de salud deben consultarse con los profesionales de la salud legalmente habilitados.

Cómo mi abuela de 92 años de edad superó su obstrucción intestinal.  Ejemplo de cogestión de la salud entre la medicina y el higienismo. 

Copio continuación el relato de mi madre sobre el problema de salud de mi abuela de 92 años de edad y cómo fue superado, a pesar del diagnóstico médico que temía incluso lo peor.  A continuación pego dos mensajes de correo electrónico enviados al Club Naturista Aconcagua por mi madre.  (Este grupo de correo ya cerró).  El primero es de fecha 17/5/10 -donde se detalla el problema de salud, muy preocupante, incluso con diagnóstico que temía lo peor- y el segundo de fecha 18/6/10 -donde se relata el éxito del naturismo higienista integrativo-.  En un mes, un diagnóstico muy grave, fue transformado por el naturismo higienista integrativo en un estado de salud excelente.

— El lun 17-may-10, María Silvia Suoni escribió:

De: María Silvia Suoni

Asunto:  [clubnaturistaaconcagua] adoptando higienismo puro a los 92 años

Para: “Club naturista”

Fecha: lunes, 17 de mayo de 2010, 1:46

Hola amigos.

Les quiero ir contando una experiencia que intentamos hacer mi hermana, yo y mi madre de 92 años.

Nuestra madre ha comido relativamente sano durante toda su vida, en algunas épocas más ordenado que en otras.  Ha sido una mujer simple en su vivir, le dio a lo cotidiano un valor trascendente, quiero decir que no corrió detrás de grandes metas pero sí hizo de lo cotidiano algo grande, por ejemplo cuidar la salud, dedicarse con gran esmero a la comida diaria, de modo de hacerla saludable y rica, bien balanceada,  inculcarnos el valor de alimentarse sanamente, de tener el cuerpo en forma por estética y por considerar que esto es reflejo de buena salud, de cuidar el medio ambiente, de amar la buena música, la lectura, el conocimiento.  No es vegana, comió siempre algo de carne pero muy poca y también yogur y queso.  Prefirió los cereales integrales y el pan integral.  Siempre comió sobriamente, hasta en los festejos.  Prácticamente no consumió alcohol.  Supo ser feliz con este estilo de vida de velar mucho por su familia manufacturando todo lo posible los alimentos.  Por supuesto el sentido de su vida no se agotó en esto pero es lo atinente de comentar a los efectos del tema de la salud.  No comió orgánico nunca.  (Soy partidaria de lo orgánico).

Ha llegado a los 92 años totalmente lúcida y en plenitud de sus funciones, SIN NINGÚN MEDICAMENTO.  A los 87 años, sorpresivamente para todos, dada su salud admirable, padeció un tumor de colon.  La operaron y   quedó excelentemente bien.  Se preparó para la operación a puro higienismo, es decir unos 20 días de crudo sin contarle nada al gastroenterólogo que le aconsejaba comer mucho huevo, leche y carne.  A una mujer que sólo defecaba sangre desde hacía un mes!!!!!!  Pobre, así fue formado, esa buena persona, lo digo sin ironía, se trataba de una buena persona.   

Después de esa operación ha permanecido con síntomas de muy buena salud, pudiendo disfrutar plenamente de la vida, acorde a su edad, por supuesto.  De pronto, a raíz de un corte de agua en Godoy Cruz, se vio impedida de comer ensaladas y verduras y estuvo comiendo comida de rotisería convencional (pizza, milanesas de pollo, etcétera), se confió, tenía ganas de cambiar, no sé, no tolera estar a pura fruta, eso le cuesta mucho.  Creo que esa semana de pésima comida y muy seca la perjudicó mucho.  De pronto empezó con estreñimiento y luego vómitos marrones y muy fétidos.  En total empeorando gradualmente estuvo como tres días así.  La vio su médico, que es naturista -no vegano- y mandó a internarla presumiendo una obstrucción intestinal y además dijo que había una gastritis.  En el hospital le pusieron una sondita en la nariz para que drenara lo que no salía por el intestino y estaba siendo expulsado a través de los vómitos fecaloides.  A esto le añadieron el suero, reliverán, protector gástrico, antiácido creo.  Fueron días muy penosos de verla con mucho malestar, deseos de agua sin poder tomar y ese ambiente tan inhóspito de los hospitales, lo que lamentablemente no es un juego de palabras.  Le solucionaron el problema porque todo lo descompuesto drenó.  “Medicina de guerra”, pero, creo, necesaria.  Después de tres días de internación le hicieron un tacto rectal y un enema.  Desde ese momento empezó a ir al baño, aunque tipo diarrea y con algo de sangre.  El intestino se desocluyó solo, si no los médicos decían que era quirúrgico.  A partir de ese momento le dieron dieta libre.  Le traían zapallo y zanahoria hervida, una presa de pollo, pechuga y una gelatina.  Y desayuno y merienda té de té con galletitas criollitas !!!!!…  Sólo comió algo del zapallo y zanahoria con mucho desgano, ella deseaba solo agua pero todos querían que comiera, ya que hacía como diez días que no podía comer ni le apetecía.

Finalmente, cediendo un poco a la insistencia de sus hijas, los médicos le dieron el alta.  También en razón de que varias placas y análisis que le hicieron salieron bien.  La dejaron irse con la prescripción de un colon por enema para control por el tumor que había tenido.

 Ahora la tengo en mi casa.  Me comunico por mail, tratando de ser medida, con Eneko Landaburu, (que es un sabio y santo de este siglo, y al que no quiero volver loco con preguntas ya que sé la demanda de ayuda que tiene y todas sus obligaciones con su proyecto solidario) y por teléfono con su médico naturista, con nuestro corazón higienista y tratando de escuchar el lenguaje del cuerpo inteligente, en este caso el de mi madre y por supuesto dialogando y negociando con ella.  Hace una semana que está en casa.  Desde que llegó comenzó a tomar jugos de fruta, de vegetales verdes con manzana, licuados de banana con leche de almendras etc. y su intestino empezó a normalizarse gradualmente.  A los tres días de esto empieza a pedirme algo calentito, y me dice que a ella siempre le dijeron que lo cocido se digiere mejor que lo crudo y etc… Entonces le doy lo que me pide, para no violentarla, pero no estando de acuerdo en mi interior:  té de yuyos con miel y una rodajita de pan integral tostado, sopa de verduras con avena, zapallo al vapor, bróculi al vapor y algo muy poca cantidad, de tomate en ensalada.  Después de dos días de esto empieza con dolor en la boca del estómago.  Le echa la culpa al tomate (quizás tiene razón, no sé).  Como no tolera el dolor, le doy buscapina en gotas y le digo que en el prospecto dice que puede constipar, pero me insiste en que el dolor la trastorna mucho y no la deja ni dormir.  Se las doy durante un día, tres veces.  Al otro día de nuevo.  A la noche las vomita, entonces ella misma las deja de tomar.  Al comenzar a tomar las gotas ya deja de defecar.  Hoy comenzó con vómitos negros pero no de olor fétido como cuando la mandaron a internarse.  Entonces, con mi hermana tratamos de ser positivas, de no desesperarnos y de aplicar la lógica higienista y le decimos: “Mamá, tu cuerpo lo único que no vomita es el agua y deseás mucho y solamente  agua.  Por qué no le hacés caso al cuerpo, tomá agua y quedáte en la cama tranquila, hasta que el cuerpo te indique que tenés hambre de vuelta y ahí empezamos con jugos y leche de semillas y crudo como hiciste antes de operarte”.  La pobrecita nos acepta, en un momento le damos té de yerba del platero porque ella ha sido siempre muy yuyera, y lo vomita al instante, entonces volvemos al agua  y le decimos que el cuerpo está expulsando toxinas, materia estancada etc. y que sólo quiere agua, que tiene reservas, que no se va a desnutrir etc.

EN ESO ESTAMOS.

A estas alturas, tiene el vientre inflamado, pero se le han deshinchado los pies, se le ha ido el gorgojeo del pecho, respira sin agitación (lo que no hacía en el hospital, donde le ponían oxígeno). Hemos apostado al higienismo, venciendo el miedo a transgredir lo convencional, a ir en contra de la corriente (que sería correr al hospital de nuevo).  Ella tiene buen semblante, está rosadita, tiene los pies calientes, ha recuperado la fuerza para levantarse sola de la cama al baño, está lúcida (por primera vez en su vida, en el hospital se perdió por momentos)… conversa normalmente con sus nietos y con las visitas…  En fin, estamos apostando a la sabiduría del cuerpo, dispuestas a ir al hospital sólo si se desata una crisis que requiera una emergencia, pero confiamos en que eso no sucederá.

No más hospital, no más químicos, no estudios invasivos, no intervenciones quirúrgicas, alimentos orgánicos cuando empiece a realimentarse, cariño, clima hogareño, relajación, escuchar la música que le gusta, masajitos en los pies en las zonas que indica la reflexología, quizá reiki si es necesario, serenidad de nuestra parte y acompañamiento a la naturaleza en esta etapa de su vida.  Ella ha estado de acuerdo, dice que quizás el cuerpo lo esté haciendo muy bien.  CONFIAMOS en que la naturaleza hará sabiamente lo mejor para ella si le ponemos las condiciones para expresarse. 

Creo que estas experiencias son muy fuertes, pero muy aleccionadoras y he querido salir de mi ensimismamiento y compartirla para que nos sirva a muchos y para que entre todos vayamos encontrando más certezas.  La vejez es una etapa tan importante como las otras de la vida, quizás la más sublime.  Nuestros viejitos se merecen transitar esta etapa lo más apacible y confortablemente en armonía con la naturaleza, como cuando nacemos.

Para los que les interese, les seguiré contando.  Hay momentos en que siento que me desmorono, pero entonces pienso en la naturaleza y me tranquilizo y en que tenemos que saber aceptar los ciclos de la vida y también el misterio insondable que somos y el que encierra este subyugante universo en el que hemos sido arrojados.  También me tranquiliza tener un grupo de pertenencia como este y saber que ustedes conocidos y no, están creyendo en las mismas cosas, buscando por el mismo camino incesantemente.

Un abrazo a todos.

Silvia

Gracias por leerme.

 

De: María Silvia Suoni

Fecha: 18 de junio de 2010

Asunto: [clubnaturistaaconcagua] éxito del higienismo en persona de 92 años en estado delicado !!!!

Para: clubnaturistaaconcagua

Hola amigos de ruta y del alma.

Les cuento que mi madre, que es la abuela de Mariano, está bien, ya me animo a contarlo.  Gracias a la aplicación del higienismo, en lo que él ha tenido un protagonismo fundamental.

A continuación va el escrito, un poco largo pero le he resaltado algunas partes para que los que no tengan tiempo puedan leer sobre ellas y darse una idea.

Este escrito sintetiza un diario que venimos llevando de la aplicación del higienismo en la recuperación de nuestra madre de 92 años, con motivo de sufrir una oclusión intestinal.

Después de la hospitalización de diez días que fue superada sin operación, por medio de la colocación de una sonda, acompañada de suero con antiácidos y de la vuelta a casa, seguíamos realmente preocupados,  porque nuestra madre había padecido cinco años antes un tumor canceroso capsulado en el colon.  Se lo habían extirpado con éxito, su intestino había quedado totalmente normal y ella estaba muy bien hasta el momento en que se produjo la oclusión.  Los médicos hicieron varias placas y veían todos los órganos bien, pero, una vez superada la oclusión,  por precaución habían pedido un colon por enema para control, porque no podían establecer con claridad la causa de la oclusión y entre ellas, pensaban que podía ser una recidiva del cáncer o adherencias por la operación.  Decidimos no hacérselo por considerarlo muy invasivo y riesgoso para su estado y por su edad.  Como los médicos la veían ya desocluida le dieron el alta, accediendo un poco a nuestro pedido.  Pero nos sentíamos muy confundidas ya que ellos nos habían dicho que se podía repetir la oclusión en cualquier momento porque persistía la diarrea y entonces habría que operar de urgencia, etc, etc.

Ya en casa entonces, superada la emergencia, ella intenta empezar a comer pero el cuerpo no le acepta más que unos dos o tres bocados y se siente repleta, además le duele la boca del estómago, algunas veces vomita, va a cada rato al baño y sus deposiciones son líquidas y en mínima cantidad además se siente sumamente decaída y mareada y está muy delgada a raíz de no haber comido durante la estadía en el hospital.

En medio del temor de que quizás deberían haberla operado por si el intestino se había enangostado y las dudas de haberla sacado del hospital, pero a la vez el miedo de que no resistiera la operación, o de la inutilidad de cualquier operación si es que fuera algo irreversible,  decidimos superar todos los resquemores, prejuicios y hábitos convencionales y empezamos a  hacerle   semiayuno (dos vasos diarios de jugo de dos hojas de acelga, una ramita de apio, unas hojitas de perejil y dos manzanas verdes chicas, todo en la juguera y luego diluido con un poco de agua templada), pensando que era lo más adecuado para –al menos- evitarle malestares.

Le hicimos una “terapia de shock”, por decirlo de alguna manera, de fundamento higienista, (unos diez días a jugos verdes, desde el 20 al 30 de mayo de 2010)   que posibilitó la remisión de todos los síntomas rebeldes que enumero a continuación:

– Los pies hinchados que le impedían calzar los zapatos que siempre usó, se deshincharon totalmente.

– El dolor de la boca del estómago desapareció.

– El vientre agudo que impresionaba (muy inflamado) se desinflamó.

– Un ruido, como un gorgojeo, de los bronquios (malestar crónico), desapareció.

– Colitis explosiva, sintiéndose empujada a ir al baño apenas ingería cualquier alimento, en mínima cantidad.

– Respirar sin oxígeno (en el hospital tenía oxígeno).

– Vómitos al comer (no fecaloides; esos fueron el motivo de la internación junto a la oclusión intestinal).

– La presión alta que había subido en el momento de la oclusión, antes siempre la tuvo normal, se normalizó.

A nuestro entender ella tendría que haber seguido más tiempo con los jugos pero se quejaba mucho de su debilidad, del frío, de que deseaba empezar a comer (desde el 30 de mayo).  A esta altura le quedaba el síntoma del estómago cerrado y la diarrea ya no era explosiva, sus deposiciones eran líquidas y muy poca cantidad una sola vez por día.  Como sentía hambre pero no podía comer y estaba tan débil decidimos llevarla a una médica naturista homeópata, holística.  Empezó a comer verduras crudas y cocidas y frutas solamente (mañoseando bastante con lo crudo, pero ingiriendo una pequeña cantidad igual). La doctora homeópata le recetó el alimento Ensure, no lo toleró así es que no lo quiso tomar, le dio impresión.  Le dijo que todos los estudios estaban muy bien y que advertía que era una persona muy fuerte.  Creo que ese comentario ya empezó a curarla.  Empezamos con las gotas homeopáticas como había comentado pero el intestino seguía igual y el apetito mejoró solo un poco, es decir, empezó a comer un poco más, al cabo de una semana de tomar las gotas.  No creo que hayan sido estas, sino la propia evolución del cuerpo que ya había manifestado estruendosas mejorías poco a poco en este largo proceso.

En este estado de cosas la llevamos a San Luis a ver a una hermana suya que es monja en un lugar realmente paradisíaco en las sierras del Suyuke.  Esto fue el viernes pasado.  Ahí ya en el viaje se le abrió el apetito.  Luego en el convento comió con muchas ganas y en cantidad normal, junto a su hermana una de las dos que le quedan pero esta está lúcida, no así la otra que vive.  Charlaron mucho sobre sus hermanos fallecidos (eran siete y solo quedan tres y todos han ido muriendo en los últimos años) sobre su infancia, recordaron momentos felices y también hablaron de sus problemas actuales, daba gusto verlas a las dos viejitas, una de 90 y la otra de 92, claro, las dos tienen una falta muy grande de interlocutores y no es lo mismo la escucha de nosotras sus hijas o nietos, que hablar con su hermana, que además es de su edad.

Allá estuvo un poco estreñida, pero eso era una superación de su última modalidad de ir al baño.  De regreso de San Luis, empezó a evacuar normal.  Oh sorpresa!!!  Parece que el desahogo con su hermana, el placer de viajar y el ver que está en condiciones de hacerlo, el encontrarse con su hermana y el cambio de clima la terminaron de sanar.  Su autoestima se levantó con ese viaje.  Además al volver a su casa, ya empezó a hacer la comida, es decir, que ya empieza a tener una energía que había perdido.  Parece mentira verla así.  Por supuesto está un poco menos activa que antes de la oclusión y toda la crisis posterior, pero ya muy recuperada.  Antes del viaje no podía casi estar parada y ahora ya está un buen rato haciendo la comida.  Ya no lava los platos sino que se va a descansar, como su cuerpo y esta etapa de la vida se lo piden.  Y parece que los jugos verdes, que los sigue tomando una vez por día le hacen muy bien para ir al baño y tener energía.  Aunque no le gustan mucho, les ha tomado cariño y respeto y ella les llama “el remedio de Mariano”, su nieto mayor, que en sus dos grandes crisis la ha encaminado en cuanto a practicar el higienismo, que le ha dado un resultado extraordinario.

Ahora está tomando semillas de lino molidas en ayunas con jugo de naranja, luego una infusión de té de yuyos (no como comen las hierbas los animales, es decir, crudas, reflexión que me hizo hacer Eneko, pero se hace lo que la persona afectada puede aceptar, lo POSIBLE aunque no sea lo ÓPTIMO) o café malta con una pequeña rodaja de pan integral tostada con un poco de dulce orgánico (todo esto fruto de una negociación entre nuestras propuestas y sus deseos o creencias).

Al almuerzo, ensaladas crudas y verduras al vapor o arroz integral, sopa de verduras con quinoa y una vez a la semana algo de huevo duro picado, muy poco.

A la tarde fruta.  A la noche de nuevo algo de fruta y antes de acostarse ‘algo calentito’ -como ella dice-, que generalmente es ‘café’ malta [en realidad debe decirse ‘malta’ a secas, pues no es realmente café] con otra rodajita pequeña de pan integral ya sin dulce.

En el viaje picoteó un poco de carne también y algo de pastas en mínima cantidad, por la vida social de la que participó (aquí hicimos una relación costo-beneficio) y no le produjo ninguna reacción negativa inmediata por suerte, más allá de estreñirla creo.  Tiene conciencia de cómo debe comer y sabe que transgredir para ella es peligroso porque su intestino ha quedado más angosto.  Pone mucha voluntad la pobre, pero está bien de ánimo y con ganas de seguir viviendo.

Agradece a Eneko y dice que  los recuerda con mucho cariño y que gracias por interesarte por ella.  Ella estuvo en su Escuela Popular de Salud en  Misiones en ocasión de turismo solidario.

Con esto se puede cerrar un primer capítulo en esta fuerte crisis de nuestra madre, Doña Silvia, que ha podido ser superada poniendo al cuerpo en condiciones de hacer su trabajo inteligente:

– ayuno o semiayuno y reposo.

– bienestar emocional:  actividades placenteras, desahogo, viajes, caricias, abrazos, masajes hechos por sus hijas, mimos, desahogo, tranquilidad y optimismo, películas reconfortantes, risoterapia.

– musicoterapia, escuchar su música preferida todos los días un rato.

– sale a caminar todos los días un ratito.

– equilibrio entre reposo y actividad.

– alimentación sana, aunque diste de la ideal

-mantener los pies calientes siempre con ayuda de la bolsita cuando fue necesario.

– paño húmedo tibio en la panza

-toma más agua que antes.

Sinceramente no sé qué hubiera pasado si le dábamos de comer el pollo que le ofrecieron en el hospital ni bien se desocluyó, si la dejábamos más tiempo en el hospital sometiéndola a estudios invasivos, si le dábamos remedios para quitar el dolor, y otro remedio para quitar los vómitos que el remedio para el dolor le produjo y así toda la cadena.  El hospital cumplió su función en la emergencia, pero eso sin el cuerpo puesto en condiciones de hacer su propia reparación creo que la hubiera metido en un callejón sin salida.

Aun a los 92 años el cuerpo inteligente, no hace caso de diagnósticos catastróficos y hace su labor noblemente, si no lo interceptamos y lo respetamos en sus tiempos y en su naturaleza.

En el artículo de este enlace desarrollo mis ideas sobre la autogestión y cogestión de la salud.

Mariano Rodríguez

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