Malos tratos en embarazo, parto, puerperio, lactancia, infancia

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Condiciones De Uso y Exención de Responsabilidad.

En primer lugar tengo que insistir en que NO SOY profesional de la salud, y, por lo tanto, tampoco médico ni nada que se le parezca.  Tengo que recordarte, no solamente porque la ley lo exige, sino porque creo realmente en eso, que nada en este escrito constituye consejo médico ni de ningún profesional de la salud, ni diagnostica, trata, cura ni previene ninguna enfermedad física ni trastorno psicológico, ni sustituye a ninguna recomendación que hayas recibido de tu médico o profesional de la salud, que cualquier acción que realices sobre la base de esta información se toma bajo tu exclusivo riesgo, que las solicitudes de asesoramiento personal de salud que recibamos, quedarán sin respuesta y que los problemas de salud deben consultarse con los profesionales de la salud legalmente habilitados.

Respecto de la liberación de los niños de los maltratos que sufren, desde su concepción, hay que referirse a básicamente a los puntos que siguen.

* Período previo al embarazo, durante el embarazo y la lactancia, donde la madre no debe contaminar su cuerpo con tabaco y otros tóxicos, como por ejemplo fármacos (googlea por ejemplo “talidomida”), ni someterse o ser sometida a diversas situaciones dañinas para el niño, como por ejemplo carencias nutricionales, ruidos peligrosos -que pueden perjudicar al bebé en gestación-, etcétera.  Según la Nueva Medicina Germánica, incluso el feto puede sufrir traumas psíquicos que generen enfermedades físicas, por lo cual durante el embarazo la madre debe proveerle el ambiente más natural y tranquilo posible, incluso en cuanto a los ruidos.  En particular, las embarazadas deberían abstenerse de los llamados “alimentos medicinales” (ajo, cebolla, plantas aromáticas, especias, plantas medicinales, café, té, mate, etcétera), para no perjudicar al niño en gestación, y no deberían ser consumidos por niños pequeños, debido, por supuesto, a su mayor vulnerabilidad.  La nutrición de la embarazada es también la nutrición del niño en gestación, por lo cual debe ser especialmente planificada.  En esta oportunidad vale la pena especialmente la alimentación agroecológica, vale decir, libre de productos químicos, libre de transgénicos, etcétera.  La embarazada y la madre lactante, para no perjudicar al niño en gestación o lactante, debería abstenerse del consumo de tóxicos como tabaco, alcohol, cafeína, fármacos, drogas, plantas medicinales, ajo, otros condimentos fuertes, etcétera.

* Respeto de los “derechos del nacimiento”, “parto natural” salvo el minúsculo porcentaje de partos de riesgo, que requieren tecnología médica, “parto respetado”, y nacimiento natural, “nacimiento respetado”, asistido por profesionales, sin violencia obstétrica, sin intervencionismos protocolarios peligrosos innecesarios (por ejemplo, provocación artificial del parto para que ocurra en horarios cómodos para el médico, cesáreas de rutina, episiotomía de rutina, anestesia -que afecta también al bebé-, fármacos -que hacen correr riesgos al niño-, goteos, rupturas de bolsa, fórceps, tactos y directivas innecesarios, etcétera), con posición natural de la madre (las mujeres no deberían ser acostadas sobre la espalda -en posición obstétrica tradicional-, durante el trabajo de parto), sin malos tratos, apoyo y protección -frente a la corporación médica- de doulas bien informadas, en el parto y puerperio, etcétera.  Hay madres que optan incluso, cada vez más, por el parto en casa, asistido por profesionales, opción que por razones bastantes obvias tienes pros y contras, pero que demuestra la demasiado usual falta de respeto contra la mujer y el niño que comete la corporación médica.  Obviamente, cada mujer, con el debido asesoramiento, encontrará la variante más segura desde todo punto de vista.  Obviamente, lo ideal sería que la divulgación masiva de estos criterios “naturales” permitiera las condiciones sociales para el surgimiento de clínicas con políticas “naturales” pero simultáneamente con la tecnología médica necesaria para afrontar las eventuales complicaciones.    El “parto en casa” sin asistencia profesional legalmente habilitada me parece arriesgado.  Creo que el parto en casa requiere asistencia y asesoramiento tanto médico como legal, porque hay que evitar desagradables sorpresas a la hora de anotar el bebé en el Registro Civil.

Testimonio de parto no respetado, por Mónica Zalazar, de Familia Libre Punto Com:

* No separación de la madre y el hijo durante el tiempo (minutos y horas) que transcurre desde el nacimiento hasta la primera puesta al pecho, asegurando el contacto de “piel con piel” inmediato y constante entre la madre y el recién nacido (método madre canguro), sin cortar el cordón umbilical hasta que éste haya transferido toda la sangre de la placenta -el niño debería normalmente comenzar a mamar recibiendo el oxígeno recibido por el cordón, evitando ahogos y golpes en la espalda del bebé, lo cual puede causar incluso lesiones internas mortales-, y facilitando el inicio de la lactancia materna en los primeros minutos de vida, retrasando el baño del bebé y los exámenes que no son urgentes (al respecto, un autor de referencia es el médico Michel Odent y su obra sobre “salud primal”, es decir, en el período intrauterino, perinatal y el año posterior al nacimiento).

* Lactancia materna exclusiva hasta los seis meses, y en combinación con otros alimentos como mínimo hasta los dos años.

* Respeto al sueño natural del niño y al colecho (dormir acompañado).  Obviamente, esto requiere de la debida ciencia y arte, como por ejemplo tener la cuna junto a la cama de la madre, porque el cuerpo de la madre dormida podría aplastar fatalmente al bebé muy pequeño.

* Respeto a la fase del niño “en brazos”, “babywearing” (porteo -portar- al bebé en portabebés de tela que apoyan sobre la espalda o el pecho de la madre o el padre, que pueden ser mochilas ergonómicas portabebés, que respetan tanto el cuerpo del niño como el de la madre), “crianza en brazos”.

* Ver la sección sobre los gravísimos peligros de las vacunas.

* Obviamente, no realizar mutilaciones sexuales a las bebés mujeres (de rutina en ciertas culturas), y, no tan obviamente, no realizar mutilaciones como la circuncisión a los bebés varones.

* “Crianza natural”, “crianza con apego” (“attachment parenting”), sin violencia (autora clave: Alice Miller), sin castigos, sin golpes, sin abandonos.

* El aprendizaje en casa sin los aspectos insalubres de la institución escolar (John Holt y otros -puedes googlear “unschooling”-).

* Abstenerse de las medicaciones psiquiátricas y en general de otros fármacos e intervenciones innecesarios y dañinos, como por ejemplo amigdalectomías, gafas para niños, etcétera.  Un libro imprescindible es “Cómo criar un hijo sano a pesar de su médico”, de Robert S. MENDELSOHN.  Todo padre debería conseguir este libro a cualquier precio, y leerlo incluso antes de ser padre.  Ver también la sección sobre “salud dental”.

* Alimentación saludable.  Por ejemplo, hasta los dos años, los bebés no deberían tomar almidones (papa/patata, cereales, legumbres, etcétera).  Ver sección correspondiente.

* Deshacerse de la televisión.

* De más estaría mencionar el crimen que se comete internacionalmente contra la infancia, mediante su explotación laboral, sexual, militar, etcétera, mediante las guerras, la miseria, la contaminación, etcétera, y la violencia intrafamiliar contra los niños, en familias muy “occidentales” y muy “cristianas”, que llega a niveles de verdadera tortura cotidiana.

* Dirían algunos que si lo “material” no importa, entonces habría que tener un “amor platónico”.  Dicen los que saben, y en mi humilde opinión tienen su lógica, que nadie debería tener un hijo sin tener casa propia, al menos alquilada.  Dicen también que nadie debería formar pareja si no tiene casa propia, al menos alquilada.  Dicen que jamás, pero jamás, deberías meterte a vivir con tu pareja en casa de tus suegros o padres, por ningún motivo, porque no está bien abusarse de los ancianos, ni invadirlos.  Dicen que eso no lo hace un verdadero hombre, ni una verdadera mujer.  Obviamente, dicen las tradiciones occidentales y cristianas, ante la burla de la modernidad, incluso, que si uno no es lo suficientemente hombre como para conseguirse un “nido” propio, tampoco lo es para tener intimidades sexuales con una mujer.  ¿Será verdad?.  Dicen que si uno no tiene la suficiente solvencia económica como para, por lo menos, alquilar una vivienda, no debería casarse, ni formar ninguna clase de pareja.  Dicen, ante la burla de la modernidad, que quien no está en condiciones de casarse, no debería iniciar una relación de pareja, porque no está maduro para ello.

Dicen también que en principio, nadie sabe cómo ser padre o madre, y que quien piensa tener un hijo, debería previamente ponerse a estudiar psicología básica, para minimizar el daño que causará.  Y dicen también que quien se cree preparado para ser padre, sin un previo y profundo estudio, reflexión y autoanálisis, no solamente no está preparado en absoluto para ser padre, sino que su soberbia es inconmensurable.

Dicen los que saben, y me parece que tiene lógica, que sería conveniente no tener el primer hijo antes de unos tres años de matrimonio, porque la pareja necesita un plazo para disfrutarse y madurarse como pareja.

El hacinamiento y la carencia de cariño nunca fueron saludables.  Dicen los que saben que no deberían tenerse más de dos hijos, a lo sumo tres, porque no es sostenible financieramente ni psicológicamente; ni menos de dos, porque los hijos únicos, obviamente, están privados de tener al menos un hermano, y lo natural es tener hermanos.  Lo mismo podría decirse de los que son casi hijos únicos, es decir, quienes tuvieron su primer hermano cuando ya tenían alrededor de diez años de edad o más, o quienes tienen un único hermano diez o más años mayor.  Dicen los que saben que una buena opción es que los hermanos tengan una diferencia de unos cuatro o cinco años.

Hay necios que dicen que las “simples amas de casa” son “mantenidas”.  Dicen los que saben, que no es conveniente para la mujer tener hijos fuera del matrimonio.  El matrimonio, en la mayoría de las legislaciones, salvo pacto en contrario, protege legalmente a la madre.  Todo lo generado económicamente por cualquiera de los esposos durante el matrimonio, en caso de ruptura del matrimonio, se reparte por mitades entre los cónyuges.  Si tú, mujer, fuiste ama de casa y madre, mereces la mitad de los ingresos que formalmente recibió tu marido, porque, en términos reales, materiales, y sustantivos, gracias a tu soporte de pareja, tu marido los recibió.

Mariano Rodríguez

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