La filosofía agroecológica

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En primer lugar tengo que insistir en que NO SOY profesional de la salud, y, por lo tanto, tampoco médico ni nada que se le parezca.  Tengo que recordarte, no solamente porque la ley lo exige, sino porque creo realmente en eso, que nada en este escrito constituye consejo médico ni de ningún profesional de la salud, ni diagnostica, trata, cura ni previene ninguna enfermedad física ni trastorno psicológico, ni sustituye a ninguna recomendación que hayas recibido de tu médico o profesional de la salud, que cualquier acción que realices sobre la base de esta información se toma bajo tu exclusivo riesgo, que las solicitudes de asesoramiento personal de salud que recibamos, quedarán sin respuesta y que los problemas de salud deben consultarse con los profesionales de la salud legalmente habilitados.

Alimentación “agroecológica” es la basada en el cultivo natural, en el cual los vegetales son producidos y comercializados sin modificación genética (no “transgénicos”), sin herbicidas químicos, sin fertilizantes químicos, sin pesticidas químicos, sin hormonas, sin ningún agroquímico, sin irradiaciones, etcétera.

La alimentación agroecológica puede ser más nutritiva, está -por definición- libre de tóxicos, puede ser socialmente más justa y puede ser capaz de calmar el hambre del mundo.

El investigador más profundo de la alimentación agroecológica es Masanobu Fukuoka, recientemente fallecido.

Los alimentos “agroecológicos” son identificados también como “orgánicos”, o “biológicos”, o “ecológicos” o “naturales”.  La legislación suele exigir un proceso de certificación para poder etiquetar para el comercio los productos con las expresiones “orgánico” u otras similares.  Muchos productores verdaderamente agroecológicos, que consideran que no es justo ni fiable dicho proceso de certificación, usan, en su lugar, expresiones no reguladas por la ley, como, por ejemplo, “libre de químicos”.  En realidad, en mi opinión, la certificación no nos garantiza que el producto no esté falsificado.  La garantía verdadera es el conocimiento personal de los productores y la confianza que eso nos despierta.

El alimento agroecológico, por su cultivo natural, puede crecer en suelos “vivos” desde un punto de vista biológico.  En cambio, el suelo de la agricultura convencional química está prácticamente muerto, es decir, prácticamente se interrumpe la normal cadena de la vida, la cual, en un contexto natural, genera un alimento verdaderamente nutritivo, es decir, “alimento real”.

En las ciudades importantes, y más todavía en el ámbito rural, puedes adquirir alimentos agroecológicos, donde los pequeños productores venden directamente al consumidor, en “bioferias”, “almacenes naturales”, etcétera.

Este artículo te persuadirá de convertirte en “agroecológico”, en la medida de lo posible:

Dr. Gabriel Cousens.  Hacéte orgánico.  Publicación original en inglés en 2006.  Traducción al cuidado de Ana María Aboglio.

http://www.anima.org.ar/movimientos/campanas/veganismo/cousens/hacete-organico.pdf

Conozco una finca agroecológica en persona, he estado allí varias veces.  Las plantas están muy sanas, y muy productivas, y sin agroquímicos, y se trata de varias hectáreas, con diversidad de cultivos.  

Agroecología en Mendoza:

http://www.facebook.com/bioferia.mendoza  

Existe un excelente documental sobre comestibles transgénicos llamado “El mundo según Monsanto”.

Unas palabras sobre el mundo “orgánico”.  Si tu presupuesto te alcanza para acceder a alimentos orgánicos, o agroecológicos, o silvestres, entonces, mejor así, por el hecho de que están libres de tóxicos.  Mejor por tu salud, mejor por la justicia social, mejor por el ambiente.  Por ejemplo, creo que la deficiencia de vitamina B12 está relacionada en buena medida con la agricultura anti-ecológica.

Douglas Graham propone incluso una solución extrema, que traduzco: “La gente encuentra esto difícil de escuchar, pero también creo que si usted vive donde los mercados de agricultores y las frutas tropicales de cultivo orgánico no están disponibles, usted haría bien en considerar relocalizarse.  Por supuesto, el cultivo de su propia comida sería lo mejor de todo, y le recomiendo hacerlo, siempre que sea posible.”  (GRAHAM, Douglas N. The 80/10/10 Diet: balancing your health, your weight, and your life one luscious bite at a time.  Florida, FoodnSport Press, 2010).

Pero si tus finanzas no alcanzan lo orgánico, porque es más caro que lo convencional, en términos de presupuesto mensual alimentario, entonces compra lo más saludable dentro de lo convencional.  Es decir, si tienes que elegir entre desayunar lácteos convencionales (no orgánicos) y licuado de espinacas convencionales con plátanos (bananas, “Musa × paradisiaca”) convencionales y manzanas convencionales (no orgánicas), elige desayunar este licuado verde, en lugar de los lácteos.  Con estas opciones, aunque no consumas orgánico, en mi opinión, podrás igualmente aliviarte o, en la mayoría de los casos, incluso sanarte.  No obstante, te pediría especial rechazo a los “transgénicos”.  Eso sí que me da pánico.  Me recuerdan al monstruo de Frankenstein.

No hay que perder de vista que la mayoría de la gente vive sin problemas de salud graves, y consumiendo convencional (es decir, no agroecológicamente).  He presenciado muchas sanaciones de graves dolencias consumiendo productos convencionales (es decir, no agroecológicos).  La realidad es que para un celíaco es preferible el arroz no orgánico al trigo orgánico.  Hemos dado el ejemplo extremo del celíaco, pero la idea vale para cualquier malestar de salud.  Los lácteos y cereales, orgánicos o no, son tóxicos leves.  Leves, pero tóxicos al fin.  La gente también sobrevive fumando.  El cigarrillo es un tóxico leve, porque no te mata en un mes.  Leve, pero tóxico al fin.

La terapia Gerson prohíbe los alimentos no orgánicos.  En casos graves, realmente parece IRREEMPLAZABLE el consumo al ciento por ciento de alimentos orgánicos.  En particular, la zanahoria no orgánica, está demasiado contaminada, y los jugos de zanahoria, fundamentales en la terapia Gerson, resultan entonces imposibles.

La agroecología tiene una filosofía sobre la “sanidad vegetal”, es decir, sobre la salud de las plantas, prácticamente idéntica a la filosofía naturista higienista sobre la salud humana.  La agroecología entiende que las plantas pueden estar sanas sin agroquímicos, sin plaguicidas, sin herbicidas, sin fertilizantes, etcétera, sino solamente mediante el ambiente natural, mediante un suelo naturalmente rico en nutrientes, mediante la biodiversidad del ambiente, desarrollándose así un control natural de las plagas, etcétera.

Fukuoka ha llevado las ideas agroecológicas a su nivel más profundo, proponiendo un mínimo de intervención artificial, y un máximo posible de expresión de la Naturaleza.  Esto es armónico con el pensamiento global de denuncia de los aspectos negativos de la agricultura: abandono del sistema de “recolección” de frutos y plantas silvestres comestibles (sociedades “recolectoras”), y sustitución por el sistema de dominación y explotación de la Naturaleza (sociedades “agrícolas”, “campesinas” y “ganaderas”), que implicó la dominación y explotación del hombre por el hombre, y de la mujer por el varón, generando división sexual y social del trabajo, jerarquías sociales, destrucción del ambiente natural y de los bosques, represión de las cualidades humanas naturales, origen de la superstición, la violencia de los adultos contra los niños, guerras, violencia y crimen entre pueblos y personas, disminución de la variedad y abundancia de plantas comestibles, aumento del consumo de cereales y disminución del consumo de frutas frescas y verduras frescas, perjuicio de la salud psicofísica de la humanidad, represión de la libertad y del bienestar de la persona humana, etcétera.  Se trata de una crítica contra la “cultura” y la “civilización” en sus aspectos negativos de represión de lo “natural”.

El alimento más natural, no es el “orgánico” -aunque lo orgánico es muy natural-, sino el “silvestre”, o “salvaje”, como, por ejemplo, el “diente de león” (“taraxacum officinale”), que es, en mi opinión, un superalimento.  Estas plantas silvestres comestibles son superalimentos.  Son concentrados nutricionales naturales.

Obviamente, en la ciudad no será sencillo conseguir plantas silvestres comestibles, pero, en la medida de lo posible, es muy beneficioso.

Existen varios libros muy interesantes sobre plantas silvestres comestibles, que te enseñan a distinguir las plantas silvestres comestibles de las plantas silvestres venenosas.

El alimento orgánico, o agroecológico, según he comprobado personalmente, tiene muchas veces un sabor más intenso, es decir, mejor, que el alimento convencional de la agricultura química, que resulta, en comparación, desabrido.  Esta superioridad que muchas veces he apreciado en el sabor, es una prueba a favor de la superioridad nutricional del alimento agroecológico.  No obstante, no puede garantizarse que siempre el alimento agroecológico será más nutritivo que el convencional.  Lo que sí puede asegurarse es que, por definición, el alimento agroecológico está libre de productos químicos tóxicos.

Los materiales de información nutricional suelen utilizar los datos oficiales del USDA (“United States Department of Agriculture”), que son los mejores disponibles, pero no son del todo exactos ni completos, debido a que, por ejemplo, no distinguen entre los productos convencionales y los agroecológicos.

Dentro de tus posibilidades económicas, haz todo lo posible por consumir agroecológico, realmente te liberarás de los venenos de la agricultura química y puedes mejorar tu nivel de nutrición.

Mariano Rodríguez

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