El Cáncer: Unos Elementos De Juicio

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En primer lugar tengo que insistir en que NO SOY profesional de la salud, y, por lo tanto, tampoco médico ni nada que se le parezca.  Tengo que recordarte, no solamente porque la ley lo exige, sino porque creo realmente en eso, que nada en este escrito constituye consejo médico ni de ningún profesional de la salud, ni diagnostica, trata, cura ni previene ninguna enfermedad física ni trastorno psicológico, ni sustituye a ninguna recomendación que hayas recibido de tu médico o profesional de la salud, que cualquier acción que realices sobre la base de esta información se toma bajo tu exclusivo riesgo, que las solicitudes de asesoramiento personal de salud que recibamos, quedarán sin respuesta y que los problemas de salud deben consultarse con los profesionales de la salud legalmente habilitados.

Unas palabras sobre la Metodología de la Investigación Científica, la racionalidad y la seriedad. 

Lo que digo sobre el cáncer se basa fundamentalmente en dos experiencias que viví como testigo presencial ocular directo.  La primera se produjo cuando mi abuela padeció cáncer de colon hace muchos años, lo superó sin quimioterapia, y sin secuelas, y falleció con bastante buena salud, simplemente por su avanzada edad, cuanto había cumplido sus 98 años.  Y lo abordamos desde nuestra filosofía de la salud “naturista higienista integrativa”, como yo la denomino, integrando una cirugía (no se aplicó quimioterapia ni nada similar), con el cofactor dietético, con el cofactor “psicosomático” -por así llamarlo-, y otros cofactores de la salud.  El abordaje en “cogestión” de este problema que sufrimos, como familia, fue exitoso.  Mi abuela sanó casi de inmediato, casi sin sufrimiento, y hasta su fallecimiento no hubo ninguna secuela del cáncer que padeció.

La segunda experiencia es el cáncer de mama de mucha gravedad, muy avanzado, sufrido por una familiar mía muy cercana, cuya identidad por el momento mantengo en reserva, básicamente para que evitar que muchísimas personas se dediquen a provocarle pánico por la decisión que tomó a favor de las alternativas en medicina.  En este momento, año 2017, se cumplen cinco años desde el diagnóstico, del cual adjunto imágenes.

Esta familiar mía nunca se sometió a cirugía, ni a quimioterapia, ni a radioterapia, ni a ninguna intervención oficial o convencional.  Hoy se encuentra en perfecto estado de salud.  El tumor cuesta encontrárselo, según el testimonio que me dio su novio, y el pezón cada vez tiene una anatomía más normal.  No existe un diagnóstico por imagen actual, pero no está descartado realizarlo en algún momento.

Todo gracias a haber confiado, en especial, en la Nueva Medicina de Hamer.

Estas imágenes corresponden al caso de esta familiar mía.  Son imágenes reales, pero en rojo he ocultado los datos de identidad de esta familiar mía y de los profesionales de la salud intervinientes, porque esta familiar mía necesita paz todavía.  No sería positivo que nadie la trate de mentirosa, loca, delincuente, ni de que intente convencerla de que se está suicidando, o de que caiga nuevamente en manos de los médicos que tenían pensado en quince días, hace cinco años, mutilarla amputándole su pecho, y envenenarla con una quimioterapia que ya se demostró en su caso como un grave daño completamente injustificado, que puede hacer perder el gusto, el olfato, los dientes y no solamente el cabello.

Haber confiado hace cinco años en la Nueva Medicina de Hamer fue un acierto, obviamente.  En cambio, habría sido un inmenso desacierto haber confiado en esa oportunidad en la medicina oficial.  No soy médico, pero estos exámenes de laboratorio me hacen concluir que es muy difícil que haya habido un falso diagnóstico.

Creo que este testimonio demuestra una vez más la veracidad de las leyes biológicas descubiertas por el Dr. Hamer (que en paz descanse) y la importancia de confiar en el espontáneo poder autocurativo del organismo humano.

Esta familiar mía no tuvo que realizar prácticamente ningún tratamiento ni terapia, porque la Nueva Medicina de Hamer entiende que en ESTE caso ESPECÍFICO de cáncer el conflicto biológico está resuelto.  Así es que solamente había que esperar que la autocuración natural espontánea de los tejidos fuera desarrollándose en el tiempo.  Lo cual ha ocurrido, porque la mama está cada vez mejor integralmente.  En el caso presente el tumor aparece en la fase de curación, una vez resuelto el conflicto biológico.

Según la medicina oficial esta familiar mía debería haber muerto hace años por haber rechazado la cirugía y la quimioterapia.  Habría sido un inmenso desacierto someterse a la cirugía y a la quimioterapia.  Después de casi cinco años, esto es obvio.  Si ella se hubiera sometido a los protocolos de la medicina oficial existen grandes probabilidades de que estuviera ocupando una tumba o una urna de cenizas o, en el mejor de los casos, viva pero mutilada innecesariamente de un órgano que representa mucho más que su integridad física para una mujer, llena de frustración y miedo a las “metástasis”.  Su decisión fue un gran acierto y eso lo vemos ahora, varios años después de haber tomado su decisión.

Hay personas incrédulas que ni con un estudio de imagen se convencen.  Ese estudio suma evidencia, pero el pseudo-escéptico que no quiere cambiar su postura, dirá que hubo falso diagnóstico o bien remisión espontánea que no se explica por la NMG (nueva medicina germánica) sino por factores todavía desconocidos por la “ciencia”.

Los médicos oficiales -oficialistas- que intervinieron jamás fueron informados de la decisión de esta familiar mía a favor de la Nueva Medicina de Hamer.  Y no creo por ahora que tenga algún sentido que les informemos.  Esta familiar mía todavía necesita paz y no discusiones con médicos.

Creo que cuando un cáncer desapareció, desapareció, y la persona sanó.  Si un cáncer después de unos años aparece, la persona enfermó nuevamente, por otro motivo.  Para mí está muy claro que NO existe la metástasis.  No existe el supuesto “auto-contagio” del cáncer mediante la supuesta metástasis.  Esto no implica rechazar los controles médicos razonables que resulten necesarios.

Mi abuela tenía casi noventa años, y ella decidía sobre su salud, pero también sus dos hijas.  Y yo, su nieto, también tenía oportunidad de opinar.

Me involucré mucho en ese proceso y llegué a concluir que en cualquier enfermedad hay que tomar decisiones, usando la razón, la intuición y la experiencia, como detallo en la sección de cogestión de la salud.

Cuando mi abuela enfermó de cáncer, si algo no me faltaba era la fe en el poder autocurativo del cuerpo-mente humano.  Yo había leído el libro de Manuel Lezaeta Acharán, y ¡qué fe le tenía!.  De hecho, diría que mi fe era absoluta.  No tenía ni la más mínima duda de que mi abuela sanaría.  Yo “sabía” que mi abuela sanaría.  Yo no sentía que yo “creía”, yo sentía que yo “sabía” que ella sanaría.  Con total certeza.

Yo recuerdo que le decía a mi madre, que no tenía ninguna fe en que mi abuela sanaría: “La abuela no se va a morir porque no se quiere morir.  No se va a morir porque quiere vivir.  No se va a morir porque tiene mucho por vivir, y lo quiere vivir.  No se va a morir porque integralmente está sana.  El cuerpo en general está sano, su mente está sana.  Por lo tanto, el cáncer está bajo completo control.  Pasará.”

Mi madre, y la otra hija de mi abuela, se fueron contagiando lentamente de mi fe.  La fe que yo tenía era más grande que yo mismo.  No era yo el que tenía fe, era la fe la que me tenía a mí.

Mi fe inamovible de aquel momento también se contagió de algún modo a mi abuela.  Decidimos en familia decirle que tenía un “pólipo” en el intestino.  No le quisimos decir que tenía un cáncer.  Y mi abuela jamás dijo la palabra “cáncer”.  Ni en aquel momento, ni nunca después.  Yo creo que eso no fue mentir, ni mentirse.  Creo que decir “cáncer” es decir “sentencia de muerte”.  Y eso sí es mentir.  Porque el cáncer no es sentencia de muerte.  Y yo le repetí eso a mi madre hasta el cansancio.  “El cáncer no es sentencia de muerte”.  Y yo, como sentí que decir esa palabra, tan cargada de mentiras, era mentir, me negué, junto con mi familia, a decir esa palabra a mi abuela.  Sentí que realmente le decíamos la verdad al decirle que tenía un “pólipo”.  Lo que le dijimos resultó ser lo verdadero, en términos esenciales.  Se hizo una cirugía para sacar algo que llamábamos “pólipo”, y ella no sufrió ninguna secuela del episodio, y un par de días después de la cirugía se sentía espectacularmente bien, para sorpresa mayúscula de los médicos, con casi noventa años de edad.  Y estuvo muy sana, sin secuelas, hasta su fallecimiento a sus 98 años, “de viejita”.  Todo resultó como si se hubiera tratado de un pólipo benigno.  No obstante, quede claro que era cáncer.  El tumor del tamaño de un huevo de gallina que le sacaron del intestino fue llevado a laboratorio, y era, realmente, cáncer, es decir “maligno”, pero todo resultó como si realmente se hubiera tratado de un simple pólipo benigno.

En nuestras familias amplias (incluyendo “primos lejanos”) todos conocemos personalmente, desgraciadamente, alguien que murió de cáncer en manos de la medicina oficial.

A pesar de lo que se dice por muchos divulgadores de las medicinas alternativas, en mi opinión una cirugía, como último recurso, como mal menor, no debe necesariamente, automáticamente, descartarse en un caso de cáncer.  Realmente puede ser necesaria en algunos casos, como el mal menor ante el riesgo de muerte del enfermo.  Pero hay que aplicar el mejor criterio para ir tomando las decisiones en cada caso concreto.

Mi abuela tenía un tumor canceroso dentro del colon.  El tumor tenía literalmente el tamaño de un huevo de gallina.  El tumor estaba obstruyendo el paso del excremento.  El excremento podía romper el tumor, dentro del intestino, y eso podía provocar una muerte inevitable inmediata.  La cirugía era inevitable, pero le dimos el mejor contexto mediante el estilo de vida natural.  Mi abuela se extrajo el tumor de colon con cirugía, aunque no sufrió quimioterapia ni nada parecido.  En ese caso, hay cosas que se pueden hacer para llevar al mínimo los peligros de los tratamientos oficiales, para que sean mejor “tolerados”, para que sean menos dañinos, menos lesivos.

En materia médica, como en política, “la estadística es el arte de mentir con números”.  Como decía un político, “yo solamente me fío de las estadísticas que yo mismo manipulo”.  Yo me fío de observar mis parientes, mis primos, mis tíos, mis vecinos, mis amigos.  Qué ocurre en esas familias.  Quién desarrolla un verdadero cáncer, vale decir, tumores del tamaño de limones, quién de ellos se cura, y quién muere.  No incluyo en mis estadísticas caseras los tumores del tamaño de un grano de arroz, porque nadie me asegura que yo no haya tenido muchos de esos, que, felizmente, nunca los haya detectado un médico, y que hayan estado estables durante décadas.  Eso no es un “verdadero” cáncer, e incluirlos en las estadísticas, es una de las tantas trampas.  Sospecho que muchas supuestas curaciones atribuidas a la medicina oficial, e incluidas en las estadísticas, son en buena medida falsos diagnósticos o bien remisiones espontáneas, que se produjeron no gracias a la intervención oficial, sino a pesar de la intervención oficial.  Es decir, creo que hay leyes biológicas que explican la remisión espontánea del cáncer, así como explican la remisión espontánea de enfermedades de menor gravedad.  A esta altura del partido, después de haber tenido noticia de muchísimas remisiones espontáneas de cáncer, ya no creo que se trate de milagros, sino de leyes biológicas de la Naturaleza ignoradas por la medicina oficial.

Una persona que enferma de cáncer, obviamente, está en una situación difícil de resolver.  No es nada fácil decidir qué camino tomar.

Insisto, creo que en un caso de cáncer hay que aplicar, como último recurso y mal menor, la cirugía u otras intervenciones oficiales, cuando realmente varias opiniones médicas coinciden en que no puede esperar, en que el riesgo ya no es razonable.  Pero, si esas intervenciones con efectos colaterales posiblemente graves pueden esperar un poco, ¿por qué no esperar un poco, solamente un poco, para darle una oportunidad a abordajes menos lesivos, siempre bajo estricto control médico?.  Y cuando una cirugía ya no puede esperar, ¿por qué no darle el mejor contexto de éxito a esa cirugía, con el estilo de vida lo más natural posible, siempre bajo estricto control médico?.

La medicina oficial, cuando hay un tumor maligno, es decir, canceroso, ofrece tres opciones, y solamente tres: matar al tumor mediante “decapitación” (cirugía), “hoguera” (radioterapia) o “envenenamiento” (quimioterapia).  El obvio problema es que las cirugías mutilan, las radioterapias queman también células sanas y la quimioterapia envenena también las células sanas (y por eso se producen, por ejemplo, pérdidas de cabello, graves dolores y malestares, etcétera y secuelas impredecibles hacia el futuro).  Parece razonable intentar, DE SER POSIBLE, otras estrategias de control del tumor, DE SER POSIBLE, siempre bajo supervisión médica legalmente habilitada.  En el peor de los casos, puede complementarse, como en el caso de mi abuela, la medicina oficial con el “naturismo higienista”.

El tumor maligno de mi abuela, por estar dentro del colon, obstruyendo el paso del excremento, era un gravísimo riesgo.  La cirugía era inevitable, pero le dimos a esa cirugía el mejor de los contextos, mediante el estilo de vida naturista higienista.  Una cirugía fue suficiente.  Ni siquiera se planteó la hipotética necesidad de otra intervención médica convencional.  De la misma manera, si mediante el naturismo higienista se da el mejor contexto a la célula tumoral, limpiando el ambiente líquido en el cual viven las células, oxigenándolo, hidratándolo, nutriéndolo sanamente, etcétera, tal vez una intervención oficial, en el caso concreto, siga siendo necesaria, como último recurso y mal menor, pero tal vez será necesaria con mucha menor intensidad.

Las mejores decisiones tal vez logren la sanación (como ocurrió con mi abuela), o tal vez no logren la sanación, pero sí, al menos, el alivio, y la muerte digna.

Para contribuir con la mejor decisión, como lo hicimos familiarmente con mi abuela, iré enumerando a continuación algunos elementos de juicio, primero en contra, y luego a favor, del cofactor dietético del cáncer y del cofactor psicosomático del cáncer, con motivo de que son las áreas que me parece que tienen mayor repercusión en la opinión pública, y donde proliferan los más graves errores, imprudencias y fanatismos.  Anticipo que no creo que la dieta sea todopoderosa, pero, al mismo tiempo, creo que es muy relevante.  Lo mismo, en conclusión, puedo decir del cofactor psicosomático.  Cuando digo “elementos de juicio”, no estoy diciendo que ninguna conclusión esté probada.  Simplemente hablo de hechos a tener en consideración para arribar a una conclusión.  Eso significa “elemento de juicio”.  Un elemento de juicio no es una prueba concluyente, ni mucho menos.

Creo que muchísimos casos de cáncer han remitido espontáneamente, es decir, han sanado naturalmente, mediante el propio poder autocurativo del cuerpo humano, sin intervención artificial médica, sin fármacos, sin cirugías, sin quimioterapias, sin radioterapias.  También tengo que decir que sé que muchos casos de cáncer NO sanaron, a pesar de aplicarse la dieta supuestamente ideal (crudivegana, macrobiótica, alcalina, etcétera, etcétera, etcétera), e incluso el “pensamiento positivo” metafísico, o cualquier abordaje psicosomático, psicológico, espiritual, etcétera.  Personalmente considero que en esos casos no se utilizaron las mejores herramientas disponibles, que en mi opinión son, en particular, las de la Nueva Medicina Germánica del Dr. Hamer.

A continuación, entonces, enumeraré elementos de juicio, que, hasta el momento, creo que no es frecuente encontrar reunidos y organizados.

Resulta ser que la verdad suele ser más compleja que nuestras doctrinas, y que la realidad suele ser más grande que nuestros colectivos.  Por eso intentar escuchar “las dos campanas”.

 

Unos elementos de juicio (que no son prueba concluyente) “en contra” de la tesis del cofactor dietético del cáncer. 

 

Un médico legalmente habilitado murió “de cáncer” (aunque tal vez mejor sería decir “con cáncer”) a pesar de practicar la dieta higienista, los ayunos higienistas, etcétera, desde muchos años antes de que apareciera su cáncer.  Por respeto, como yo entiendo el respeto, mantendré en privacidad el nombre de este médico, por respeto a la tragedia de sus familiares, que es relativamente reciente.

La dieta “pura” no siempre previene ni cura el cáncer, ni mucho menos, al menos considerando las historias de supuestos practicantes de dietas “puras”.  Digo “supuestos” practicantes, porque nadie ha estado revisando refrigeradores ajenos, así es que nadie puede tener la absoluta certeza sobre las dietas ajenas.

Denise Minger, en su blog, hace este recuento de veganos y crudiveganos famosos que fueron víctimas de enfermedades, en especial cáncer, que el veganismo y el crudiveganismo supuestamente previenen.  Estamos hablando de desgracias, de tragedias familiares, pero también estamos hablando de figuras públicas y con posiciones de liderazgo, y con el debido respeto hay que hacer esta presentación de “elementos de juicio” (que no son “pruebas concluyentes”):

Bif Naked -música premiada y actriz- fue crudivegana durante 10 años antes de ser diagnosticada con cáncer de mama.

http://jam.canoe.ca/Music/Artists/N/Naked_Bif/2009/03/14/8744591-sun.html

Ross Horne, famoso Higienista Natural y autor de un libro llamado ‘Haga su cuerpo a prueba de cáncer’, murió de cáncer de próstata en 2004, después de 22 años de comer una dieta crudivegana alta en frutas en los trópicos.  […]

http://painoil.multiply.com/journal/item/834?&show_interstitial=1&u=%2Fjournal%2Fitem

Harvey Milstein -líder del movimiento de la ‘Higiene Natural’ crudivegana en Houston, Texas-, murió de cáncer de colon en sus sesentas, después de 23 años como crudivegano basado en frutas.

http://acupuncture.getwebspace.com/autobiography.html

Vihara Youkta, bailarina y esposa del famoso crudívoro Viktoras Kulvinskas, murió de cáncer de colon después de ser crudivegana durante 30 años.

http://rawlivingfoods.typepad.com/1/2007/10/vihara-youkta-w.html

Más recientemente, Robin Gibb de la gloria de los Bee Gees, murió de cáncer de colon a la edad de 62 años, después de haber sido un vegano abstemio de alcohol y drogas por décadas (cocido, no crudo).

http://abcnews.go.com/Entertainment/robin-gibb-dwina-unconventional-family/story?id=16404441&page=2#.T9FQMo7hOKU

T.C. Fry -frutariano y pionero crudivegano- murió de una embolia coronaria cuando tenía unos 70 años, y su autopsia reveló coágulos de sangre adicionales en sus piernas.  (Joel Fuhrman señala que los niveles de B-12 de Fry eran muy bajos antes de su muerte, por lo que probablemente tenía altos niveles de homocisteína, lo que hace la sangre más propensa a la coagulación).

http://chetday.com/v4n7.pdf

[…] H. Jay Dinshah -el fundador y ex presidente de la Sociedad Vegana Americana-, que murió a los 66 años de un ataque al corazón.  Fue vegetariano desde el nacimiento y vegano por sus últimos 43 años de vida.

http://www.earthsave.org/lifestyle/dinshah.htm”

La “Macrobiótica” (del griego “vida larga”, “arte de una gran vida”) recomienda una dieta con predominio de cereales cocidos (es un “cerealismo” y un “cocidismo”, en particular es un “arrocismo”), con un bajo nivel de fruta fresca y cruda y con bajísima o nula proporción de comestibles animales.  A tal punto es un “cocidismo” la macrobiótica, que hasta usa las frituras, rechazadas como insalubres por el naturismo.

Fue difundida por Georges Oshawa (nacido en Kioto, el 18 de octubre de 1893 y fallecido a la edad de 72 años, en Tokio, el 24 de abril de 1966), basado en la tradición o filosofía oriental del “yin” y el “yang”, que serían “energías” o “vibraciones” opuestas.  Su discípulo principal es Michio Kushi, nacido en Japón en 1926.

Oshawa, obviamente, no fue longevo, a pesar de haber fundado una dieta para la vida -“biótica”- larga -“macro”-.  Michio Kushi escribió “La Dieta de la Prevención del Cáncer”, y su esposa, Aveline Kushi, se enfermó de cáncer.

Leemos esta noticia sobre la dieta del pH, http://digitaljournal.com/article/301197  Dec 8, 2010, pero hay que leer con cuidado la noticia: “Cuando Kim Tinkham escribió a Oprah que ella iba a curarse a sí misma después de que ella fue diagnosticada con cáncer de mama, Oprah la invitó al show.  Ella murió ayer de un cáncer que se pensaba ya no estaba allí.  Dos días antes de su cumpleaños número cincuenta, en febrero de 2007, Kim Tinkham fue diagnosticada con cáncer de seno en etapa tres.  […]  Unos años más tarde, nos encontramos con Kim en otro sofá.  Esta vez con Robert O. Young, autor del exitoso libro ‘El Milagro del pH’.  […]  Kim explica a continuación que se le diagnosticó el 5 de febrero de 2007 y que llegó a Robert Young, el 4 de noviembre del mismo año y que no había signos de cáncer en su torrente sanguíneo.”  La noticia dice que la mujer “murió de” un cáncer.  Realmente no sé si murió “de” un cáncer, o “con” un cáncer.  Realmente la “causa de muerte” de una persona no es ciencia exacta, en mi opinión.  Lo llamativo es que la persona estuvo “años” en buena salud, según la noticia, “después” del diagnóstico de cáncer.  Todo es muy raro, y la noticia me resulta muy sospechosa.

 

Unos elementos de juicio (que no son prueba concluyente) contra la tesis del cofactor psicosomático del cáncer. 

 

Respecto del cáncer, en el mundo disidente existen teorías contradictorias: Gerson le vio una causa básicamente alimentaria, Hamer le ve una causa que yo llamaría, provisionalmente, “psicosomática” -aunque no es la palabra exacta-, etcétera.  En el sistema de Hamer los conflictos que causan las enfermedades no son psicológicos, sino biológicos, y es el conflicto biológico el que genera el conflicto psicológico.  Por ejemplo, perder un hijo es un conflicto biológico, no psicológico.

Según Hamer, no hay por qué “luchar contra el cáncer”, pues los tumores juegan un importante papel en la prolongación de la sobrevivencia en los casos en los que las vivencias ponen al organismo en estado de emergencia.  Más bien hay que ser conscientes de lo que representa un tumor y trabajar a favor del cuerpo y no contra el tumor como hace la medicina oficial.  Cuando un tumor está en formación es para cumplir una función biológica necesaria para que el individuo salga victorioso de un evento que lo puso en estado de emergencia.  Ni la vida sana ni la buena alimentación ni los buenos hábitos van a evitar la formación de un tumor ni van a incidir directamente en su “curación”.  No hay cánceres originados por la alimentación, sino por conflictos biológicos únicamente.  Para que el tumor ejerza su papel biológico el organismo acidifica el medio, por lo que la alcalinización lo único que logra es obstaculizar las fases del programa biológico.  El cáncer no se puede evitar ni prevenir porque es originado por eventos inesperados y lo inesperado no se puede prevenir.  Para tratar un tumor proliferativo, lo que la medicina oficial llama “cáncer”, es necesario conocer la fase en la que se encuentra y proceder en consecuencia.  Si está en fase activa habrá que resolver el conflicto y si está en fase de curación se debe esperar pacientemente a que esta finalice y se deben evitar recaídas en el conflicto biológico.

Es importante determinar si la persona es diestra o zurda mediante el test del aplauso para determinar el conflicto biológico.

El conflicto biológico que da lugar al carcinoma ductal de mama es el de separación en el nido o querer separarse.  La tumefacción se forma en la fase de curación, cuando el conflicto de separación fue resuelto.  La duración de ésta depende de la duración de la fase activa.  Cuando el tumor dura varios meses o incluso un año o más es porque la carga conflictual fue muy grande o porque ha habido recaídas.  Los rieles podrían estar involucrados en las recaídas.  Los rieles son circunstancias del conflicto original, circunstancias que al reiterarse posteriormente reproducen el conflicto.  Las recaídas se deben a rieles o a nuevos sucesos del mismo conflicto de separación.

Los ganglios vecinos al tumor crecen por hacer el trabajo fisiológico que les corresponde: capturar las células del tumor que se desprenden de éste y pasan a la circulación linfática no como invasoras, sino como descarriadas.  Para poder depurar las cientos de células hay aumento en la celularidad del ganglio e hipertrofia del mismo.  Los médicos oficiales consideran a este ganglio como metástasis ganglionar, lo cual representa una aberración en la interpretación de este fenómeno biológico.

La metástasis como lo entienden los médicos oficialistas, no existe.  Varios tumores son varios conflictos biológicos, pero no “contagio” entre un órgano y otro del cuerpo.

En las correspondientes secciones ampliamos el tema de la Nueva Medicina Germánica del Dr. Hamer.

La disidencia de lo oficial tiene contradicciones internas.  Pero, en definitiva, en mi opinión, un elemento de armonización es que un mal estilo de vida -compuesto de un cofactor dietético, un cofactor mental, etcétera- genera el cáncer, y que un buen estilo de vida -en lo mental, en lo dietético, en el descanso y el reposo, etcétera- puede aliviarlo e incluso, aunque obviamente no siempre, sanarlo.  Tanto Gerson como Hamer tienen fundamentales coincidencias prácticas: rechazo de quimioterapias y radioterapias, consideración de las cirugías y los fármacos como último recurso excepcional, importancia de la alimentación, importancia del cofactor psicosomático.  Si bien la explicación del cáncer es contradictoria, considero, personalmente, que es posible la armonización y complementación de ambas escuelas.

Dejemos bien claro que estos síntomas, aunque tengan un sentido sanador, una base “inteligente”, en mi opinión pueden descontrolarse y provocar incluso, eventualmente, una muerte.  Es decir, aunque, por ejemplo, el cáncer, pueda tener explicación en la “inteligencia” del organismo, en la práctica el organismo puede no ser tan inteligente, y el síntoma del cáncer puede descontrolarse y causar incluso la muerte.  En consecuencia, en mi opinión, resulta prudente no descartar una intervención farmacoquirúrgica, porque puede ser necesaria en algunos casos.

Varios investigadores realizan un planteo que complementaría las tesis psico-biologicistas de Hamer con las tesis metafísicas, espiritualistas, del estilo de “La enfermedad como camino”, incorporando el simbolismo espiritual del síntoma.  Es decir, el síntoma sería una respuesta orgánica que es símbolo espiritual de un conflicto psíquico-emocional no resuelto.  Estos conflictos psíquicos tienen como explicación fundamental un trauma con gran repercusión biológica, relativo, por ejemplo a la pérdida de la pareja, de la fuente de trabajo, de un hijo, etcétera.

En un programa de la Televisión Española, de 1995, “Preguntas y respuestas”, conducido por Adelina Castillejo, sobre la tesis del Dr. Hamer, dan su testimonio tres médicos y cuatro enfermas sanadas del cáncer mediante esta nueva medicina.  Una de estas pacientes murió poco después, pero ignoro la causa de muerte.  Insisto, aunque los medios oficialistas se apresuren a decir que murió “de” cáncer, yo me reservo el derecho de sospechar que esa no sea realmente la causa de muerte.

Examinemos un poco ahora las teorías más famosas de tipo espiritual, que, como dijimos, de algún modo resultan con similitudes con el planteo de Hamer.  Wayne Dyer, el gran gurú de la autoayuda, padeció leucemia.  No obstante, según la Nueva Medicina Germánica, la leucemia es un fenómeno en realidad curativo (“a decir verdad no es una enfermedad independiente, sino solamente el proceso de curación de una enfermedad antecedente de la médula ósea”).  De hecho, Dyer se encontró aparentemente muy bien hasta su muerte a sus 75 años de edad.

Jerry Hicks, tal vez el gran responsable, aunque desconocido, de la famosa película “El Secreto”, falleció el 18/11/11, cuando ya era anciano, aunque me cuesta determinar su edad -y el sitio web oficial de momento no facilita el acceso a esta clase de datos-, después de que se le diagnosticó leucemia unos meses antes, y siguió las recomendaciones de la “medicina moderna”, vale decir quimioterapia, según explica el blog oficial.  (http://www.abe-blog.com/2011/11/23/note-from-esther-about-jerry/)

Jerry Hicks fue el presentador de un mensaje supuestamente proveniente de unas inteligencias no físicas llamadas “Abraham”, y el mensaje supuestamente era “traducido” por su esposa Esther (un crítico llamaría por este motivo a Esther “Estherham”).  Este mensaje en buena medida inspiró la popular película “El Secreto”, al menos en su primera versión, donde Esther Hicks, la esposa de Jerry Hicks, aparecía filmada.  Luego hubo una discusión entre los partícipes del film, y los Hicks fueron recortados de la película.

En la película “El Secreto” aparece Cathy Goodman dando su testimonio filmado de curación natural espontánea de cáncer, sin quimioterapia, sin cirugía.  Jerry Hicks seguramente vio la película “El Secreto”, que fue inspirada en gran medida por su propia esposa, Esther Hicks.  Cathy Goodman decidió no aplicarse la “medicina moderna” pero Jerry Hicks sí, a pesar de tener la orientación del supuesto Abraham.  Sospecho, personalmente, que Jerry Hicks murió “después” de su diagnóstico de leucemia, pero no “a causa de” la leucemia, sino a causa de la quimioterapia.  La teoría “abrahamiana-estheriana”, o de “Estherham” como dirían sus críticos, sostiene la sanación natural, instantánea y espontánea.  Lamento que Jerry Hicks no haya creído completamente en los propios libros que él publicaba.  Creo que si los hubiera creído absolutamente, habría investigado más, habría conocido la Nueva Medicina Germánica del Dr. Hamer, y hoy estaría vivo y sano.  De todos modos, en el ámbito “abrahamiano-estheriano” surge la interpretación de que Jerry completó su viaje, o, por así decirlo, completó su propósito en esta vida, y ya estaba “maduro para el Cielo” (como diría un católico), en particular considerando que, claramente, ya era una persona de avanzada edad, que había gozado de excelente salud casi toda su vida.

 

Algunos elementos de juicio (que no son prueba concluyente) a favor de la tesis del cofactor dietético del cáncer. 

 

Alan Furmanski, colombiano, sanó naturalmente, sin fármacos ni cirugías, aplicando la terapia Gerson, de un cáncer avanzado, y publicó un libro con su historia.  Obviamente, un partidario de la Nueva Medicina Germánica dirá que la dieta de Alan es irrelevante, y hasta peligrosa (Hamer recomienda la carne a los enfermos de cáncer), y que Alan sanó porque resolvió su conflicto psíquico y no se sometió a la medicina oficial.

Sabemos, por sentido común, que este caso es individual, pero no necesariamente “anecdótico”.  Cuando un cáncer remite espontáneamente, resulta bastante irracional hablar de “evidencia anecdótica pseudocientífica”.  Algo pasó allí, y no es usual.  Por ejemplo, el diario Los Andes, de Mendoza (Argentina) -el principal diario de Mendoza-, publicó que “El cáncer mata a uno de cada cinco mendocinos”, “Una de cada cinco muertes se produce por distintos tipos de cáncer” (miércoles 25 de mayo de 2005).  Que la autocalificada “ciencia” no comprenda cómo un cáncer remite espontáneamente, no implica que los casos de remisión espontánea de cáncer tengan que ser ignorados, olvidados y descalificados como “evidencia anecdótica pseudocientífica”.

Hoy Alan está más sano que nunca.  Puedes buscarlo incluso en Youtube, donde está su testimonio en castellano.  Ha dado su relato en televisión.  El médico premio Nobel Albert Schweitzer sanó su diabetes con la terapia Gerson.  Hay muchos testimonios en video de personas sanadas naturalmente del cáncer mediante esta terapia, como el de Alan Furmanski, en castellano, y, en inglés, en los diversos documentales sobre esta terapia, como por ejemplo “The Gerson Miracle” (2004), “The beautiful truth” (2008) y “Dying to Have Known”.  No son casos meramente anecdóticos.  El sistema de casos, es racionalmente relevante, pues se calcula, en muy diversas enfermedades (entre ellas el cáncer), en decenas de miles de casos, en 75 años.

Obviamente, los colectivos autocalificados, es decir, que se califican a sí mismos como, “escépticos defensores del pensamiento racional”, se dedican a calificar a la terapia Gerson como estafa pseudocientífica.  Todo depende de cómo se interpreten las estadísticas disponibles y cómo se las contextúe, porque es muy fácil convertir la estadística en el “arte de mentir con números”, como decía el Dr. Scolnik, médico pionero de la Medicina Natural en Argentina.

Puedes googlear con estas tres palabras simultáneas: terapia Gerson escéptico.  Y verás a qué se dedican los autocalificados “escépticos”.  Los escépticos suelen decir que “nadie” ha sanado del cáncer con la terapia Gerson, que los promotores de la terapia Gerson simplemente “mienten” al relatar las sanaciones naturales del cáncer, y que mienten porque son “estafadores”, “curanderos”, “charlatanes” e incluso “asesinos”.  No sé si esas curaciones se produjeron gracias a la dieta o gracias a otro factor, como por ejemplo la resolución de un conflicto biológico, pero creo que las curaciones se produjeron.

Jay Kordich, el más conocido promotor de los jugos/zumos frescos (es decir, caseros, es decir, NO industriales, no enlatados, no embotellados, no envasados en cartón, etcétera), consume regularmente gran cantidad de jugos/zumos de frutas y verduras (frescas y crudas), luego de que así sanó naturalmente de una enfermedad mortal, en 1948, siguiendo las recomendaciones del Dr. Gerson.  Jay, nacido en 1923, estuvo en estupendo estado de salud hasta pasados sus noventa años.  Después tuvo problemas de salud y creo que ha fallecido.

Charlotte Gerson, hija del Dr. Gerson, en este video a sus 89 años de edad, se ve muy saludable, sin medicamentos, y siguiendo las orientaciones dietéticas de su padre:

El médico y premio Nobel Albert Schweitzer dijo del médico Dr. Gerson, que abordaba la diabetes tipo dos, el cáncer y otras enfermedades con la dieta cruda de base vegetal: “Veo en el Dr. Gerson uno de los genios más eminentes de la historia de la medicina”.

Puedes ver el testimonio del Dr. Schweitzer en un documental sobre la sanación del cáncer mediante el crudiveganismo, en la dirección oficial de la película, en la sección de “trailer”.

Al respecto, reitero, existe el testimonio de Alan Furmanski, promotor de la terapia Gerson en Hispanoamérica y autor de libro “Cómo vencí el cáncer siguiendo las leyes de la naturaleza; consejos para una vida sana”.  Es posible contactar a muchas personas que se sanaron del cáncer mediante la terapia Gerson.

No obstante, gracias al Cielo que existen los escépticos, porque ponen a prueba y desafían tanto las chifladuras como las buenas doctrinas.  Y dado que, en mi opinión, la terapia Gerson tiene, básicamente, gran parte de razón (no digo “toda” la razón), superará los testeos “realmente” escépticos.  Un “verdadero” escéptico, y no los “autocalificados” “escépticos”, comprende, por ejemplo, que a la terapia Gerson llega gente en su gran mayoría absolutamente desahuciada por la medicina convencional, y cargando con el obvio daño producido por la quimioterapia, la cirugía y demás lesiones que causa la medicina convencional a los enfermos de cáncer.  Si, por ejemplo, uno solo de esos desahuciados se salva con la terapia Gerson, la estadística merece ser contextuada y bien interpretada, para constituir un pensamiento “verdaderamente” racional.

El libro “The China Study” (CAMPBELL, T. Colin, Ph.D. y CAMPBELL, Thomas M. II. The China Study: el más completo estudio sobre nutrición jamás realizado y las sorprendentes consecuencias de los hábitos alimenticios sobre el peso y la salud a largo plazo.  Buenos Aires, Music Brokers, 2011. Edición original: Copyright © 2006 by T. Colin Campbell, Ph.D. y Thomas M. Campbell II, BenBella Books, Inc, Dallas.) nos dice que a una de cada ocho mujeres estadounidenses se le diagnosticará cáncer de mama.  Hay evidencia importante para pensar que el cáncer de mama se previene con una dieta que baja los niveles de estrógenos, que es precisamente la dieta basada en alimentos vegetales integrales.  La genética, en este contexto de estilo de vida saludable, sería un cofactor de poca relevancia.  Los cofactores alimentarios y de estilo de vida determinan la expresión de los genes.  Seis por ciento de los estadounidenses contrae cáncer de intestino grueso.  Por ejemplo, los sudafricanos blancos tienen diecisiete veces más cáncer de de intestino grueso que los negros, y los blancos comen mucho más comestible de origen animal (por ejemplo, 77 g contra 25 g por día de proteína animal).  Esta clase de investigaciones deja claro que la dieta basada en vegetales integrales previene el cáncer de intestino grueso.  Obviamente, la posible relevancia importante del cofactor genético racial, ha sido racionalmente descartada.  La mitad de los estadounidenses mayores de 70 años tienen latente (silencioso) el cáncer de próstata.  Numerosos estudios encuentran a los comestibles de origen animal como cofactores de riesgo del cáncer de próstata.

Desde el sentido común, desde lo filosófico, sabemos que las frutas frescas y las verduras frescas son quizá la principal clave de la dieta saludable, porque hidratan, porque son casi pura agua, porque, por tal motivo, limpian el organismo, porque alcalinizan el organismo, lo cual puede medirse pronto en la orina, etcétera.  No hay que ir al extremo con la idea de que “somos lo que comemos”, pero hay que admitir la gran verdad de esa idea, porque, en términos físicos, realmente, obviamente, “somos lo que comemos”, y la enfermedad, cualquiera sea, obviamente es probable que se relacione con lo que comemos.  De allí la antigua y sabia frase naturista, que tampoco hay que llevar al extremo, pero que tiene gran verdad: “Que tu alimento sea tu medicina”.

 

Terapia Gerson, terapia Simoncini, terapia de frutas, terapia de verduras y las contradicciones internas del mundo de las terapias alternativas. 

 

El Dr. Tullio Simoncini sostiene la tesis de que el tumor canceroso es una respuesta defensiva inteligente del organismo ante el ataque del hongo cándida.  Supuestamente el hongo invade el órgano, y el órgano, para defenderse de la invasión, genera el crecimiento del tejido llamado tumor.  El Dr. Simoncini manifiesta que si el cáncer no está muy avanzado, el hongo es eliminado por el bicarbonato de sodio disuelto en agua, y que así, rápidamente, en unos seis días, y simplemente, queda superado el problema de “cáncer”.  El bicarbonato de sodio, simplemente, mata al hongo.  No obstante, el propio Dr. Simoncini dice que esta técnica no tiene éxito en casos de cáncer avanzado (esto por seguro, y todavía queda por comprobarse si realmente funciona en “cualquier” cáncer no avanzado, de hecho, dudo de que así sea).  Por desgracia, los fanáticos de lo “alternativo” no suelen ser claros en esto, y publican en la web “¡el bicarbonato de sodio cura el cáncer!, ¡se ha descubierto la cura del cáncer!”, sin hacer ninguna aclaración.  Eso, obviamente, no es racional.  La doctrina del Dr. Hamer, por supuesto, es totalmente incompatible con la teoría de Simoncini.  Para Hamer los microbios son por regla general, benéficos, y están “bajo control”, en particular cuando aparecen en tumores.  Por lo tanto, según Hamer, combatir el microbio del tumor es combatir en realidad un fenómeno inteligente y benéfico de la naturaleza del organismo humano.  El mundo alternativo suele demostrar su usual irracionalidad al divulgar en una misma web, como si fueran totalmente complementarias y compatibles, las doctrinas de Simoncini y de Hamer, por ejemplo.

La terapia Gerson, por su parte, desaconseja el bicarbonato de sodio, incluso en casos de cáncer.  LA TERAPIA GERSON RECHAZA EL TRATAMIENTO DE SIMONCINI.  Entonces, si divulgamos al mismo tiempo la terapia Gerson y el planteo de Simoncini, tenemos que tener cuidado de no contradecirnos (y de intentar armonizar nuestras afirmaciones de alguna manera), de lo contrario queda servida en bandeja la ridiculización a los autocalificados como “defensores del pensamiento racional”.  En muchos casos, los autocalificados “defensores del pensamiento racional”, tienen razón, es decir, muchos divulgadores de terapias alternativas para el cáncer son unos vulgares chiflados y/o estafadores de la peor clase.  Otras veces no se trata de chiflados ni de estafadores, sino de personas bienintencionadas, y con completa salud mental, pero que, simplemente, no tienen entrenamiento en pensamiento racional científico.  Pensar racionalmente en materias científicas no es tan fácil como algunos creen, y errar en ese terreno no es necesariamente ser un chiflado, o un estafador.

En el mundo naturista, e incluso crudivegano, está predominando la idea de que el azúcar de la fruta “alimenta” el crecimiento de los tumores del cáncer, y que, por tanto, es conveniente abstenerse de consumir fruta dulce, aunque sea cruda, fresca y agroecológica.  Personalmente, yo creo (es mi creencia, no estoy diciendo que yo tenga elementos científicos para defender esta creencia) que puede ser de alguna utilidad un semiayuno inicial de jugos/zumos verdes, bajos en azúcar.  Pero creo que en el largo plazo es conveniente una dieta alta en fruta dulce fresca, cruda y agroecológica, y muy baja en grasas -incluyendo las grasas vegetales-.  La terapia “Gerson”, que registra muchos éxitos en cáncer, no es una dieta baja en azúcares naturales.  De hecho, los jugos/zumos de naranja, de manzana y de zanahoria, son muy importantes en la dieta Gerson.

En lo personal, considero como los alimentos más peligrosos a los lácteos, en primer lugar, y al trigo, en segundo lugar.

 

Larga lista de plantas, setas y sustancias supuestamente curativas del cáncer.  Naturismo e higienismo. 

 

Existen testimonios interesantes (dije “interesantes”, no dije “científicos”) respecto del auxilio que en malestares como el “cáncer” pueden prestar algunos alimentos del reino vegetal, plantas medicinales, setas y sustancias naturales como por ejemplo lino, jengibre, espárragos, aloe vera, “Ganoderma lucidum”, varios hongos o setas, clorofila, semillas de damasco, conjunto herbario Essiac, muérdago (“viscum album”), bicarbonato sódico (o “bicarbonato de sodio”), vitamina C, agua de mar, “Annona muricata” (guanábana o graviola), terapia de oxígeno, “Uncaria tomentosa” (Uña de gato), “Artemisia annua”, té negro, té verde, hierbas de la medicina Ayurveda, apiterapia, etcétera.

Supuestamente (dije “supuestamente”), por ejemplo, las semillas de albaricoque (damasco), melocotón (durazno) y ciruela, contienen vitamina B17 (B diecisiete), que sería supuestamente anticancerígena.

Respecto de la supuesta relación entre el cáncer y los microbios y parásitos existe también una larga lista de plantas medicinales antimicrobianas (como por ejemplo la famosa echinácea) y antiparasitarias.

Hay un larguísimo etcétera de plantas (frutas, verduras, semillas, hierbas, etcétera), setas y sustancias naturales que supuestamente curan el cáncer al margen de la medicina oficial.  Una lista muy completa de plantas medicinales, setas y sustancias naturales contra el cáncer se encuentra en el extenso trabajo del biólogo Alexis Rosell i Armengol, “PLANTES MEDICINALS CONTRA EL CÀNCER”, de más seiscientas cincuenta páginas, que ha colocado gratuitamente en la web.

Obviamente puedes “googlear” y encontrar mucho material sobre todo esto.  El problema es que el material es demasiado, y puedes ahogarte en el océano de Internet.  Hay que saber poner un límite a la Internet, porque es fácilmente adictiva.

La gente, con todo respeto, suele fascinarse por esta idea de que la cura viene de “fuera” del organismo.  La “cura” supuestamente la produciría un fármaco (como la quimioterapia) o la radioterapia, o una planta medicinal, o una sustancia química no tóxica…

Pero siempre en este paradigma “NO” higienista, el “autor” de la sanación es supuestamente una sustancia EXTRAÑA, AJENA, al propio cuerpo-mente humano.  En la Filosofía Naturista Higienista es el propio cuerpo humano el AUTOR de la propia sanación.  Esta idea HIGIENISTA es bastante ORIGINAL, incluso dentro del mundo de la disidencia en materia de salud, donde esta idea, si bien existe, no está tan clara, dada la pasión que existe, por ejemplo, por el aloe vera, las semillas de damasco, el bicarbonato de sodio, etcétera.  En el mundo real, en la práctica efectiva, se desdibuja bastante la idea del poder autocurativo del organismo, que en realidad depende del estilo de vida psicofísico integral natural.

Creo que estas herramientas (aloe vera, bicarbonato de sodio, semillas de damasco, etcétera) no del todo “higienistas” son, por eso mismo, ACCESORIAS, y que lo fundamental es el sistema de salud que desarrolla lo que yo llamo “naturismo higienista integrativo”.  No parece realmente, en general, riesgoso, el consumo de aloe vera, bicarbonato de sodio, semillas de damasco, vitamina C, etcétera, todo siempre bajo supervisión médica y de la manera adecuada.  No se pierde nada con probar, en particular si se tiene al menos un poco de fe en esas propuestas.

 

Unos elementos de juicio a favor del cofactor psicosomático del cáncer. 

 

Por ejemplo, existen testimonios de curaciones de cáncer basadas solamente en resolución de problemas psíquicos, manteniendo una dieta convencional (“no” naturista ni higienista).

Otro caso de cáncer, curado sin quimioterapia, sin radioterapia, sin cirugía, sin medicamentos, solamente mediante las “fuerzas naturales”, mediante la medicina inspirada en el Dr. Hamer (video del Dr. Fernando Callejón en CNN):

Creo que en un caso de cáncer resulta prudente consultar a un médico de la escuela del Dr. Hamer, INCLUSO ANTES DE REALIZAR CUALQUIER PROCEDIMIENTO DIAGNÓSTICO INVASIVO, porque no están exentos de riesgos.  Creo personalmente que el cáncer es fundamentalmente psicosomático, y creo también que en este sentido, la escuela de Hamer es la que tiene mayor desarrollo.

Otro ejemplo es Martin Brofman, autor del libro “Todo se puede curar” (Edición original:  “Anything can be healed”, 1993).

Brofman dice: “Estás aquí para ser feliz; por lo tanto, debes hacer aquello que te haga feliz y no lo que te hace infeliz.  […].  Cuando no escuchas a tu consciencia, obtienes infelicidad y tensión.  […] experimentarás cada vez más tensión y más resistencia hasta que esa tensión llegue al nivel físico y desarrolles un síntoma […].  El síntoma tal vez sea el resultado de una enfermedad, un ‘accidente’, una caída, un nervio pinzado, etcétera.  […]  No existen los accidentes ni las coincidencias.  […]  Otra forma de ser elimina ese síntoma.  […]  Mi caso es el siguiente: Tuve cáncer en la médula espinal, a la altura del cuello.  Era un enfermo terminal y entre mis síntomas estaban la parálisis, incapacidad para caminar y mucho dolor.  […]  Tuve un matrimonio infeliz en el que no me sentía libre de comunicarme sin que surgiera siempre una discusión.  […]  Como el modelo médico no me ofrecía solución alguna, no recibí ningún tratamiento ni medicamento.  Puesto que se esperaba que yo fuera a morir en cualquier instante, cada vez que tosía o estornudaba, el alimento que estaba ingiriendo podía ser el último; así que comencé a comer todo lo que me apeteciera, lo cual me fascinó.  No seguí ninguna dieta especial.  Comencé a desear y a disfrutar de una gran cantidad de hamburguesas, salsas, pizzas y coca-colas.  […]  Lo que cambié fue mi dieta mental, las ideas que yo elegí aceptar en mi consciencia.  Si tenía cierto tipo de pensamiento y después me comenzaba a sentir mal, sabía que estaba creando estrés con ese pensamiento; y el estrés crea la enfermedad.  Si pretendía sentirme mejor, sabía que era necesario optar por otro tipo de pensamientos que me hicieran sentirme mejor.  […]  La curación ocurrió.  El trabajo me llevó dos meses […] el mismo trabajo se puede completar en dos semanas o incluso en dos horas.

En 2005 Brofman decía a “La Vanguardia”:  “Tengo 63 años y cada día me siento mejor.  Hace 29 años tuve un cáncer de médula y me dieron un mes de vida…  Nací en un barrio de Nueva York y vivo en Copenhague.”  Y continúa dando cursos por el mundo.

En 1975, cuando me enfermé de cáncer terminal, me dijeron que tenía uno o dos meses de vida.  El tumor estaba localizado en mi médula espinal, en el cuello […] Me dijeron que mi fin se produciría muy repentinamente, en cualquier momento, si tosía o estornudaba.  Estaba frente a una realidad en la que cada día era, posiblemente, mí último día, y cada hora mi última hora, y yo reconocía que, fuera cual fuese el tiempo que me quedase, quería ser feliz, ser solamente yo mismo.  Las dietas especiales que podrían ayudarme, pero que no me gustaban, no tenían sentido para mí, puesto que cada comida posiblemente era para mí la última, y quería comer lo que realmente me apetecían.  […]  Lo único importante era ser feliz, y eso significaba que yo hiciera lo que me hacía feliz, no lo que me hacía desdichado.  […]  Sabía que el cáncer representaba algo que se reprime y no se expresa, y puesto que el tumor estaba localizado junto a mi chakra laríngeo (que es un centro de energía), me había estado absteniendo de expresar mi ser.  Puesto que no estaba muy seguro de lo que eso significase, sin embargo decidí que era imperioso expresarlo todo.  Expresé todos los pensamientos y sentimientos, y cuanto había en mi consciencia y quería aflorar, conocedor de que eso era vital para mi salud.  […]  Unos dos meses después de empezar a trabajar sobre mí mismo, acudí a que me examinara el médico que había dictaminado que yo era un enfermo terminal.  En el trayecto, yo sabía que tenía que mantener mi percepción de que todo andaba muy bien.  Me examinó, no encontró nada, y me dijo: ‘Tal vez cometí un error’.  Reí durante todo el camino de regreso a casa.  Un beneficio adicional del proceso de curación por el que pasé fue que no necesité más los anteojos que había usado durante veinte años.  Había tenido miopía y astigmatismo; mi visión cambió y un examen posterior determinó que era normal.  Transformé mi modo de ser.  Mi estilo de vida se transformó espectacularmente.  Ya no tiene sentido hacer trabajos que me sujeten a un horario, ni llamar a cualquier otro Ser mi ‘superior’ […] Sé que estoy haciendo lo que vine a hacer a este planeta, y sé que es lo correcto.  […]  Tuve curiosidad por este ‘beneficio adicional’ del proceso por el que había pasado, y decidí investigar lo que otros estaban haciendo en el campo del mejoramiento de la visión.  […]  Encontré ocho libros, siete de los cuales derivaban del primero, el cual se titulaba ‘El Método Bates para Ver Mejor sin Anteojos’, del doctor William Bates.  […]  El factor constante en todos los campos de mejoramiento de la visión era, según lo advertí, el proceso de transformación personal.  […]  El doctor Bates había expresado que toda visión deficiente era el resultado del estrés.  […]  Es opinión de quien esto escribe que el éxito es mayor cuando la persona está bien dispuesta a efectuar los cambios necesarios en su consciencia, en su modo de Ser y en cuanto a poner en funcionamiento su vida.  […]  Todas las clases de visión deficiente representan modalidades de estrés con las que la persona interactúa en su medio ambiente.  […]  El estrés se almacena en el cuerpo físico de muchos modos, incluyendo tensión en ciertos músculos.  […]  En el caso de la visión, a distintos desórdenes visuales se los identificó con tensión excesiva en determinados músculos extraoculares (los que rodean a los globos oculares), y con determinadas pautas emocionales.”  (BROFMAN, Martin.  Mejore su visión; su guía interior para una visión más clara.  Kier, Buenos Aires, 1995).

En un video de cinco minutos, Martin Brofman da testimonio de la sanación estrictamente psicosomática del cáncer terminal que padeció.  Lo puedes ver en Youtube.

Louise Hay da su testimonio sobre su curación de cáncer mediante el pensamiento positivo y la nutrición, sin cirugía ni quimioterapia ni radioterapia.  El segmento de video, doblado al castellano, de unos tres minutos, está en la película documental sobre la obra de Louise Hay, llamada “Usted puede sanar su vida”.  El mismo testimonio está en su libro “Usted puede sanar su vida”.  Louise Hay es la más popular autora de autoayuda contemporánea, y la propietaria de la principal editorial de autoayuda espiritual.

Realmente me impresionan las historias de Martin Brofman, de Louise Hay, de Cathy Goodman, etcétera.  Todas son historias de sanación fundamentalmente psicosomática del cáncer.  Reitero aquí que en un segmento de video de un minuto, en el documental “El Secreto”, Cathy Goodman da su testimonio de su autocuración espontánea de su cáncer de mama, en tres meses, mediante el “cofactor mental de la salud” (como yo lo denomino) deliberadamente aprovechado:

El 23 de noviembre me diagnosticaron cáncer de mama.  Creí de todo corazón, con toda la fe imaginable, que ya estaba curada.  Durante el día, y todo el día, decía ‘Gracias por haber sanado’, una y otra vez decía ‘Gracias por haber sanado’.  Creía de corazón que había sanado.  Me visualizaba como si el cáncer nunca hubiera estado en mi cuerpo.  Una de las cosas que hacía para sanar era ver películas muy graciosas.  Solamente hacía eso: reír, reír, reír.  No podía permitir más tensión en mi vida, porque sabía que tensionarme es lo peor que puedes hacer cuando tratas de curarte.  Desde que me diagnosticaron el 23 de noviembre, hasta el momento en que sané del todo, pasaron más o menos tres meses.  Y eso sin radiación ni quimioterapia.

En mi opinión (es una opinión, y no la puedo defender científicamente), el cáncer es predominantemente psicosomático.  Es mi opinión filosófica, y creo que no necesito reiterar lo que significa FILOSOFÍA.  No estoy haciendo aquí “Ciencia” sino Filosofía.  Estoy diciendo qué haría yo si un familiar cercano padeciera este problema.  Qué haría yo según mi filosofía.  Si yo padeciera un problema de esta clase (si yo padeciera cáncer), me dedicaría urgentemente a hacer lo que me gusta, a relajarme, a relajarme absolutamente, completamente.  Me desconectaría de los problemas del mundo.  De hecho, me desconectaría del mundo y me iría (si fuere posible) solo a algún bello lugar de vacaciones de descanso, donde nadie me moleste, donde nadie me cause tensiones.  Estaría como escondido en una cueva, donde nadie me pueda encontrar.  Realizaría suaves caminatas diarias, simplemente disfrutando el paisaje, simplemente relajándome.  Mi única tarea sería relajarme, relajarme, relajarme y relajarme; descansar, descansar, descansar, y descansar; disfrutar, disfrutar, disfrutar, y disfrutar; serenarme, serenarme, tranquilizarme, tranquilizarme, calmarme… en síntesis: serenarme.

Y me olvidaría de todos los problemas, de todos los problemas de mi vida, de todos los problemas del mundo.  Simplemente me enfocaría en disfrutar el momento, en disfrutar todo lo disfrutable del momento presente.  Esa profunda y absoluta relajación mental sería mi prioridad absoluta.  No hablo de “ser positivo” de la manera que se ha puesto de moda a partir de la película “El Secreto”, que medio mundo ha visto, en el sentido de estar saltando de euforia.  Hablo del cofactor psicosomático de la salud como reposo, relajación, descanso, sueño, serenidad, calma, tranquilidad, paz, confianza, fe.  La palabra más tradicional, y tal vez más arraigada idiomáticamente, y por eso quizá más clara, es “fe”.  Hay dos maneras de sentir dolor, la primera manera es sentir el dolor, pero con fe en que el malestar pasará, y la segunda manera es sentir el dolor, pero sin fe en que el malestar pasará.  Una vez me contaron la historia de una persona que estaba sufriendo enormemente, y rogó al Cielo por una palabra de alivio, y la palabra que le fue dicha fue “pasará”.

Realizaría también la dieta más natural posible, sin torturarme, sin sobrecargarme de tensiones, priorizando siempre la relajación mental y el bienestar emocional.  En lo posible, realizaría lo que llamo “la dieta de sanación” (básicamente crudivegana basada en frutas frescas y verduras frescas, muy baja en grasas), idealmente precedida de los semiayunos de jugos/zumos que explica el naturismo higienista, similares a los jugos/zumos de la terapia Gerson.  Insisto, no estoy haciendo ciencia, estoy haciendo filosofía.  Estoy exponiendo mi filosofía, como aclaro en la notificación legal de este material, que debes leer antes de leer cualquiera de mis textos.  “Yo”, personalmente, a mi propio riesgo, tendría la fe más absoluta en el poder autocurativo del cuerpo-mente humano.  Consultaría a un médico de la escuela de Hamer (a pesar de que muchas teorías de Hamer son indigeribles) para que controle de manera permanente la evolución de la situación, como director de la “orquesta”, y en esa orquesta yo haría jugar, si lo considerara necesario, de acuerdo a la evolución de la situación, una dieta de base crudivegana bien planificada, y otras herramientas naturistas e higienistas integrativas, que contribuyen con todos los procesos de autosanación del organismo humano.  Y aquí no hay “recetas” simples, aquí cada cual, cogestionando el problema con los profesionales de la salud legamente habilitados, es, en definitiva, el autor de su propia sanación, haciéndose cargo de su propio problema, y aplicando todas las herramientas, tanto del naturismo higienista integrativo, como, en caso necesario, de la medicina farmacoquirúrgica.

En mi opinión, en los malestares de salud en general, la prioridad, en lo posible, debería ser lo psicosomático, es decir, el cofactor mental de la salud -como lo denomino-, como contexto fundamental de las medidas médicas que resulten imprescindibles.  En particular yo prestaría atención al conflicto biológico según la enseñanza de Hamer.  Volvemos a reiterar la clave del cofactor psicosomático, o del cofactor mental de la salud: reposo, reposo y más reposo; descanso, relajación, sueño suficiente, serenidad, fe.  En caso de ser imprescindible, por ejemplo, una cirugía, estas condiciones fundamentales del estilo de vida natural pondrán el mejor contexto para esa cirugía.

Uno de los más espectaculares casos de autocuración natural del cáncer, o remisión espontánea del cáncer, es el de Anita Moorjani.  Tenía tumores enormes dispersos, del tamaño, textualmente, de limones, rechazó toda terapia oficial y cayó en coma.  Tuvo una experiencia cercana a la muerte, durante su estado de coma, y, obviamente con los ojos cerrados, vio, según dice, como si viera desde fuera de su cuerpo, lo que ocurría en la sala del hospital donde los médicos intentaban reanimarla, y le fue dicho, según declara, en la realidad sobrenatural, que podía vivir si así lo decidía, y que su cáncer sanaría completamente, porque a partir de ese momento sabría que podía vivir sin todos los miedos que habían dominado su vida, en particular el miedo de no ser aprobada por su sociedad y la cultura a la cual pertenecía, y con amor incondicional a sí misma, permitiéndose vivir a su medida y permitiéndose cumplir sus propios sueños.  En concreto, se podría dar permiso a sí misma para vivir como le gustaba vivir, para hacer lo que le gustaba hacer y para ser quien realmente era.  Anita relata que decidió no morir, y que su cáncer desapareció completamente en semanas, resultando indetectable por los médicos todo signo de cáncer.  Aclara que es partidaria de la alimentación saludable, pero que eso no le sirvió en absoluto para evitar el cáncer extremo que sufrió, y que lo que la sanó, obviamente, no fue ninguna dieta, ni la quimioterapia a la que, finalmente, se sometió después del coma, pero a la que, obviamente, en un par de semanas, no puede atribuirse la espectacular curación completa que ocurrió en ese par de semanas.

He leído con mucho agrado el libro donde cuenta esta experiencia: MOORJANI, Anita.  Morir para ser yo.  Buenos Aires, Grupal, 2013.  Creo que se trata de un libro de lectura imprescindible.

En estos dos enlaces su testimonio en video:

Para saber más sobre las 5 leyes biológicas de Hamer:

 

Sitio de Internet de la Nueva Medicina Germánica:

http://dr-rykegeerdhamer.com

 

Nueva Medicina Germánica en castellano:

http://www.newmedicine.ca

 

Grupo en FaceBook “La Quintaesencia (NMG)”:

https://www.facebook.com/groups/1416811748620305/

 

Grupo Dr. Castellanos:

https://www.facebook.com/groups/avancesennuevamedicina/

 

Sitio de amplia divulgación gratuita:

https://www.pasadofuturo.com

https://www.leyesbiologicas.com/

Abordaje integrativo del cáncer de colon de mi abuela y del cáncer de mama de una familiar mía.  La clave naturista higienista: reposo, reposo, reposo y más reposo.    

El naturismo higienista “integrativo” recomendaría, como su nombre lo indica, el abordaje “integral” del problema del “cáncer”, “integrando” todos los recursos, desde la liberación del estrés y resolución del conflicto psíquico -como elemento fundamental-, hasta plantas medicinales, pasando por el crudiveganismo naturista higienista, los recursos espirituales o filosóficos de cada uno, la terapia Gerson, etcétera, incluyendo en caso necesario, como últimos recursos y males menores, la cirugía y algún fármaco imprescindible u otra terapia oficial.  Una vez más, digo que yo no descarto absolutamente que en ciertos casos de cáncer puedan resultar necesarias tanto la cirugía como otras medidas de la medicina oficial.  No obstante, insisto, creo que estas medidas, debido a ser tan dañinas, es decir, con tantos y tan graves efectos secundarios, y debido a tener un grado tan bajo de éxito, deben ser consideradas como un último recurso, siempre todo bajo el estricto e inmediato control de los médicos legalmente habilitados.

Insistiré en la gran clave higienista: reposo, reposo, reposo, reposo y más reposo.  Reposo físico, fisiológico, digestivo, mental, sensorial, emocional, etcétera.  Reposo, reposo, reposo, y más reposo.

Cuando mi abuela padeció un tumor canceroso en el intestino, consultamos a VARIOS médicos legalmente habilitados: a más de un clínico, a más de un oncólogo, a más de un cirujano y a más de un médico naturista.

ESTO DA UN MÍNIMO DE OCHO MÉDICOS GRADUADOS UNIVERSITARIOS LEGALMENTE HABILITADOS.

A partir de este mínimo de ocho opiniones médicas tomamos la decisión de que mi abuela se sometiera a cirugía para que le fuera extraído el tumor -maligno- del colon.  La cirugía fue admitida porque era el último recurso, porque era inevitable, porque el riesgo que se corría si la cirugía se posponía demasiado no era ya razonable.

Consultamos a varios médicos hasta convencernos de que la cirugía era imprescindible.

Pero un mes antes de la cirugía, y un mes después, mi abuela hizo crudiveganismo naturista higienista puro, o absoluto.  El gastroenterólogo había recomendado para esos dos meses dieta alta en carne, huevos y lácteos.  Debido a que seguimos la recomendación dietética de un médico legalmente habilitado, pero naturista, la recomendación dietética del médico convencional no fue seguida.  Pero el cirujano dijo estar sorprendido de que una mujer de casi 90 años superó una cirugía tan grave como si fuera una quinceañera.  Y así fue, literalmente.  Han pasado de esto ya muchos años y mi abuela siguió en perfecto estado de salud muchos años, y no padeció hasta su fallecimiento ninguna consecuencia de ese tumor, en absoluto.  Es decir, el cáncer no le dejó ninguna secuela negativa en su salud.  Esto es “integrar” todos los recursos médicos, tanto los oficiales, como los disidentes, lo cual no significa sumar indiscriminadamente “todos” los métodos.  Esto es “cogestionar” la salud, como me gusta decir, entre paciente (“haciente”) y médico.  Mi abuela no usó ningún fármaco, salvo la anestesia y algún otro medicamento puntual de esa clase y por mínimo tiempo, es decir, algo así como un par de días y no más.  Esta experiencia refleja mi opinión sobre el abordaje del malestar de salud en el marco de la autogestión y cogestión de la salud.

Aquí el testimonio en video donde mi madre relata lo ocurrido:

En el caso de la familiar mía con cáncer de mama, el proceso de restauración de los tejidos a su estado normal ha llevado años y todavía no está ciento por ciento concluido, pero sigue mejorando.  La mama está cada vez mejor.  La naturaleza trabaja lento pero seguro, sin prisa pero sin pausa.  Esta familiar mía dejó el miedo a un lado y confió en la naturaleza y en la biología.  Lo más importante es la confianza, confiar en que la Naturaleza tiene su propio ritmo en cuanto a cualquier proceso de sanación.  Por eso la confianza y la paciencia son fundamentales.

No hay más exámenes por ahora que los que adjunto en imagen.  Este cáncer fue en mama izquierda.  No tenemos la certeza sobre el origen o contenido del conflicto biológico, solamente tenemos hipótesis, pero lo ideal es tener la certeza sobre el contenido del conflicto, para evitar recaídas en el conflicto, es decir, para mantenerlo siempre resuelto.  Esta familiar mía nunca tuvo hijos.

Ella cuando tuvo dolores en la zona en curación hizo un mes de dieta totalmente vegetal y cruda (crudiveganismo) basada en frutas dulces frescas de todas clases (filosofía de la Higiene Natural de Douglas Graham).  Eso causó alivio espectacular de todo malestar.  Pero fuera de algunos de estos períodos de excepción (un mes, sí, y once meses, no, por ejemplo), todos estos años comió como cualquier argentino pero con base en frutas y verduras frescas y vegetales integrales variados (filosofía naturista).  Quede claro que no atribuimos la curación a la alimentación.  Pero obviamente nadie niega que la alimentación es un cofactor del bienestar de salud.  Tampoco creemos, por supuesto, que la alimentación pueda causar ni curar ningún cáncer.  Tampoco hizo ninguna terapia alternativa: nunca consumió bicarbonato de sodio, ni MMS, ni plantas medicinales, ni semillas de nada, ni alimentos milagro, ni hongos milagro, ni homeopatía, ni biodescodificación, ni nada de lo que inunda las librerías de cada pueblo hoy.

Es muy importante asesorarse con personas que conozcan y confíen en la NMG (Nueva Medicina Germánica, del Dr. Hamer).  Esta familiar mía tuvo una consulta presencial con una médica de la Nueva Medicina de Hamer.

 

¿Por qué tanto apuro en mutilar, envenenar y quemar (y cobrar), si es sabido que muchas veces se puede esperar para ver si se produce la remisión espontánea?. 

 

Juan Gérvas, doctor en Medicina; nos advierte de los peligros de la medicina preventiva – Victor-M Amela, Ima Sanchís, Lluís Amiguet. 

‘Los ricos mueren por exceso de atención médica’. 

64 años.  Extremeño.  Vivo en Madrid.  Casado con otra doctora; 4 hijos y 8 nietos.  Jubilado, he sido profesor de las universidades de Valladolid, Autónoma de Madrid y Johns Hopkins, y me dedico a la docencia.  Somos más que la suma de músculos y huesos.  El cerebro nos supera. 

Cabezas que piensan. 

Matrimonio de médicos bien avenido, Mercedes Pérez y Juan Gérvas firman un libro, Sano y salvo (y libre de intervenciones médicas innecesarias) -Los Libros del Lince-, que recoge lo mejor del conocimiento científico y de su propia experiencia clínica para advertirnos de los efectos secundarios del exceso de medicación, tratamientos, vacunas, chequeos…  ‘Hay que ser prudentes frente a los talibanes de la prevención’.  Un libro que lleva a replantearse la salud y la enfermedad.  Fueron miembros destacados del movimiento de médicos contra la vacuna de la gripe A en España y que en otros países provocó más efectos nocivos que beneficiosos, y tienen un blog muy activo.

[…]

-Ahora se lleva el diagnóstico precoz.

-Hoy se diagnostica antes y más, pero la mortalidad es la misma.  El diagnóstico precoz no mejora el diagnóstico de muerte.

-¿Entonces?

-Produce algo terrible: hordas de supervivientes, por ejemplo de cáncer, que viven más tiempo con el diagnóstico pero no viven más.

-Qué duro.

-La autoexploración de mama no disminuye la mortalidad, pero duplica las biopsias.  El cáncer de cuello de útero no disminuye por hacer citologías, pero se siguen haciendo diez millones de citologías al año en España.  Si quiere disminuir el cáncer de cuello de útero, céntrese en la población marginada.

-¿Y el cáncer de próstata?

-Si quiere reducirlo, no haga el cribado de cáncer de próstata en personas que no tengan síntomas.  Hay muchísimos cánceres inofensivos, histológicos, que se diagnostican y se tratan en nombre de la prevención.

-¿Desaparecen solos?

-Sí, o se quedan tranquilos.  Y no son tumores pequeños, el de próstata puede representar el 60%, y el de mama el 47%, pero se quita el pecho, se hace radioterapia, quimioterapia, y la vida de esa mujer girará alrededor de un cáncer que nunca la habría matado.

-Entonces, ¿qué hacemos?

-Disminuirían muchos cánceres haciendo menos radiología y controlando los tóxicos industriales.  Pero en este complejo mundo de intereses, deseos y expectativas cuajan propuestas de prevención imposible, de intervenciones sin justificación que dañan a la población con pruebas diagnósticas y los tratamientos consecuentes.

-¿Por qué remiten solos?

-Normalmente, los que remiten solos no dan síntomas ni molestias, somos nosotros los que los descubrimos.  En el diagnóstico precoz no se parte de población con síntomas.

(www.lavanguardia.com, 07/02/2013,

http://www.lavanguardia.com/lacontra/20130207/54365145790/la-contra-juan-gervas.html)

 

Mariano Rodríguez

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